Hace bien en decirlo pero no es tan así. Ningún gobierno sobrelleva mucho tiempo embargos de cuentas y hasta riesgo en cada pago que haga por los nuevos bonos. Toda noticia de juicio ahuyentará inversiones en el futuro. Perú y Ecuador fueron ejemplos de que no es fácil para los países vivir ignorando los juicios. Tampoco olvidemos que Fidel Castro cuando decidió separarse del mundo en los '60 clavó financieramente a países (como fue y sigue siendo el caso argentino) pero le saldó hasta el último dólar al Fondo Monetario. Repite el columnista que ya está asegurado 60% de aceptación del canje -es cierto-, que mínimo puede llegar a 70% -hoy también es cierto-.
Lo importante de Morales Solá está en tocar un tema tabú: o la Argentina -ahora por el gobierno Kirchner- crea organismos de control serio de las empresas privatizadas que no entren en concubinato con ellas o va a confiar en funcionarios que representen al Estado en sus directorios. La primera es la única alternativa válida, aunque utópica: organismos controlantes despojados de influencias políticas y colocados en manos de técnicos. Estos son más difíciles de sobornar por los privados que son controlados.
Igual no hay garantías. Cualquier empresa privada triplica o cuadriplica el sueldo de un buen técnico en un organismo del Estado. Entonces hay que recurrir a políticos, parientes, punteros o amigos inútiles para que no se los lleven y éstos son sobornables. Buscan vegetar cómodos en un organismo que no controla a nadie pero es mimado por las empresas privatizadas. ¿Qué funcionario resiste eso en la Argentina?
Por eso el Estado metiéndose en la actividad privada es un retroceso enorme en la Argentina. La ganancia del Correo es porque no paga canon (así también hubiera ganado Franco Macri); las empresas estatales lo usan como correo oficial porque no le pagan y por eso «la ganancia» de que hablan en el Correo es mero asiento contable.
Una empresa donde el Estado es dueño de 27%, como paradigma del desastre, es Papel Prensa, modelo también de corrupción.
Nunca algún funcionario en el directorio actuó a favor del país y sí a favor del privado, como «Clarín». Le pone amplio escritorio, alfombras rojas, dos lindas secretarias, auto con chofer, le pagan una suculenta suma de dinero mensual de honorarios más viáticos... y le pide que una vez cada cuatro meses aparezca por la empresa a firmar lo que ni siquiera lee.
Pensemos que «representó al Estado» por su parte accionaria en Papel Prensa junto a «Clarín», Ricardo Gutiérrez, que siendo presidente del Banco Provincia de Buenos Aires le obsequió 75 millones de dólares al diario «Clarín» (le pagó esa suma por 18% de un site de Internet cuyo 100 por ciento valía apenas u$s 4 millones). Pensemos que otros «directores» allí fueron Ricardo Yofre, Alejandro Mc Farlane ( yerno de Hugo Anzorregui), el ahora kirchnerista Miguel Dante Dovena, Eduardo Kohan, Oscar Ferrari, Lauro Laiño.
No sólo no responden como funcionarios en defensa de la parte accionaria del Estado sino que se prestan como gestores de privilegios, puesto que al ser «becados» por los gobiernos tienen «padrinos» en ellos. Papel Prensa hace poco hizo un gran negociado, ignorado por la Oficina Anticorrupción: se le permitió saldar deudas previsionales con bonos en default tomados a 100 por ciento del valor nominal (los mismos que hoy los bonistas deben entregar a 31%). Valiente Morales Solá al plantear este tema insoluble en un país corrupto que imagina «controles» imposibles desde el Estado.
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