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15 de mayo 2006 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

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Felipe González y Víctor Paz Estenssoro
MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


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Domingo a domingo confirma que en el mediano plazo su columna dominical podrá repetirse cada dos o tres semanas, tiempo mínimo para que el público no se dé cuenta de cómo se repite lo mismo: crítica política acertada en determinadas tendencias del gobierno (las antidemocráticas por ejemplo), débiles en cuanto a la imagen externa del presidente Kirchner que ha mejorado bastante con el simple accionar comparativo de Evo Morales; exagerando el «chivo» a favor de la papelera Botnia que debe haber hecho un gran acuerdo para beneficiarse todos los domingos en «La Nación» con críticas directamente antiargentinas; y se completa la matriz fija dominical que se aplica en su columna con los comentarios más acertados, que son los económicos -por ejemplo, a la labor del gendarme de precios del gobierno, Guillermo Moreno- pero como este periodista y casi todos los columnistas políticos lamentablemente no conocen Economía donde pegan bien pegan débil y no provocan ni moretones.

Tampoco ejemplifican casi nunca con la historia -la Historia Argentina por lo menos- que también desconocen bastante y por tanto el análisis por momentos rezuma adolescencia. Si Morales Solá dijera que lo que hoy hace con precios « acordados» Guillermo Moreno para Néstor Kirchner es exactamente el mismo congelamiento que, bajo el disfraz de «régimen de precios organizados», hizo hace 33 años Miguel Revestido -supervisado por el ministro de Economía José Gelbard- para el tercer gobierno de Juan Perón, levantaría su columna. Y más aún si dijera que dos años después de Revestido, en junio de 1975, llegó el terrible «Rodrigazo» porque la economía necesitaba sincerarse de las distorsiones de los precios máximos (« acordados», «organizados» o con el nombre que se los quiera ocultar en su realidad). No le pidamos a un analista sólo político que se juegue sobre si después de este congelamiento vendrá en «rodrigazo siglo XXI».

Es falso -u oposición a ciegas- decir como hace el columnista que «el estilo presidencial ha significado una caída notable de la posición internacional de la Argentina».

Hay resquemores pero no se han agravado. No es comparable no haber ido a la velada en el Colón con la reina de Holanda con ser pieza clave en la negociación del gas con Bolivia cuando esperan mucho del presidente argentino ahora la chilena Bachelet (todo el aumento del gas a la Argentina que logre Evo Morales en el precio del BTU lo pagará Chile porque nuestro país se autoabastece y envía tras los Andes la misma cuota que importa del altiplano). Y también lo necesita Lula para que no negocie con facilidad porque a Brasil le afecta mucho el gas boliviano. Y además lo miran distinto al argentino desde Estados Unidos y Europa cuando Hugo Chávez montó un eje Caracas-Venezuela-La Habana con intención de alargarlo a Teherán.

Dentro del rastrillar sin dientes la economía el columnista insiste en lo cierto pero no sabe probarlo, como los alumnos que estudian de memoria: no vienen las inversiones externas a la Argentina pero hoy menos por Kirchner en relación con la locura de los costos de empresas, del moyanismo desorbitado y jueces que sistemáticamentefallan en favor de lo laboral como venganza ante Kirchner.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


Cumple también el pacto de pronunciarse cada domingo a favor de la papelera finlandesa Botnia (la llama «finesa») y en contra del país. Como el monopolio «Clarín» tiene a la máxima autoridad Magnetto internado desde hace meses en un sanatorio de Estados Unidos y hay un poco de desconcierto no se sabe si el «chivo Botnia» es de empresa» o «periodístico privado». La excusa de que «Clarín» defendía la fabricación de celulosa a costa del medio ambiente en Fray Bentos por su planta de Papel Prensa en San Pedro no sirve: allí en celulosa se habla de 180.000 toneladas año y Botnia y ENCE se proponen producir 2.000.000. Esto es dañino. Van der Kooy ya una vez propuso la delación pública de los entrerrianos que protestan. Esta vez llega más lejos y llama problema «absurdo» que ciudadanos entrerrianos y uruguayos se preocupen por la producción de una actividad que amenaza dejar secuelas desde asma hasta cáncer. ¿Es « absurdo» el problema?

En lo político la columna está muy bien: plantea que Cristina Kirchner y no Néstor Kirchner podría ser la candidata oficial a presidente en 2007. Es coherente con lo que se dialoga. En este tema el que mejor transmitió el pensamiento presidencial fue el bonaerense Felipe Solá y hace esto más de un año. Dijo Solá que la idea de Kirchner era permitir que otro de su línea llegue a la presidencia y que él sólo buscaría la reelección si peligrara el triunfo. No se sabe si esa idea es suya, totalmente suya o de Cristina. Últimamente el Presidente agregó a varios íntimos la « necesidad de ampliarnos, de sumar gente». También se sabe que Cristina Kirchner no quiere para nada la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Aunque no lo dice el columnista, la primera dama siempre sostuvo con admiración: «Con Néstor soñábamos con ser Bill y Hillary Clinton». Pues Hillary ahora aspira a presidir Estados Unidos.

Buena la columna porque incluye frases de un buen pensador como Felipe González. El español dice: «El poder se transfiere, la autoridad no». En realidad, quiere decir que determinada personalidad, inteligencia, carisma para ganar autoridad no es fácil de traspasar. ¿Acaso lo logró nada menos que Juan Perón con Isabel Perón? Pero distinto hubiera sido con Evita de tanta autoridad y carisma. ¿Se creerá Cristina capaz de superar el machismo argentino sólo amparándose en Bachelet en Chile sustituyendo nada menos que a Ricardo Lagos... y con autoridad?

Los Kirchner en la última elección -no figuraba él pero sí u esposa- obtuvieron sólo 40% de los votos y con numerosos pactos. Con dinero en abundancia no se desplaza fácilmente a un gobierno en ejercicio pero también los Kirchner saben que no gozan de carisma y arrastran durezas públicas aunque Cristina para ganar olvidos mantiene bajo perfil desde hace 7 meses, desde un mes antes de los comicios de octubre?

WAINFELD, MARIO.
«Página/12».


El columnista aborda la noticia de la salida a la venta pública de las acciones de Repsol YPF y el efecto que ha producido en el funcionariado kirchnerista, que acierta al describir como dispar y sin un rumbo único. Contertulio de la burocracia oficial, Wainfeld reproduce el juicio de un funcionario que niega que esté entre los proyectos del gobierno comprar ese 15/20% de las acciones de la petrolera para darle a la administración mayor control en el manejo de la empresa y de los recursos petroleros del país.

Esa idea la considera «descabellada» el funcionario citado por Wainfeld en lo que denomina «quinchos oficialistas» porque embarcaría al Estado en un sector de alto riesgo. Podría compartir las eventuales ganancias pero también arriesgaría fondos públicos en eventuales pérdidas en un negocio tan volátil como el petróleo. «Sería como comprar otro Hipotecario», ironiza con frase de múltiple sentido el funcionario citado.

Ese dinero podría ser usado para otras finalidades del Estado, más urgentes, o, en todo caso, arriesgar sumas menores en la estatal ENARSA, compañía aun virtual pero que domina por completo y sin socios.

Otra ironía de la columna dice que la Argentina vendió acciones de YPF cuando el petróleo valía poco y las compraría cuando está caro; se verificaría así un ocaso de la mítica viveza criolla.

Entre los datos que importa retener de este panorama hay algunos valiosos: 1) Que el gobierno está revisando la representación del Estado en Repsol YPF con la idea de imponer a una personalidad «de fuste, de mayor peso específico que quienes revistan ahora». Hoy el director por el Estado es un ingeniero con linaje santacruceño, Ernesto Dardis. 2) Que el triunfo de Evo Morales sorprendió al gobierno argentino, muchos de cuyos funcionarios habían especulado con un resultado adverso; eso lo supo el actual mandatario y a eso responden algunos gestos hacia Kirchner. 3) En la cabeza peronista de Kirchner, Hugo Chávez está equiparado a un « compañero peronista», es decir un hombre díscolo pero que al final acata ciertos códigos. A Morales, en cambio, lo ubica en un hombre de izquierda clásico, es decir difícil en la negociación y rígido ideológicamente.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


El columnista volvió ayer a un argumento recurrente en sus notas: hay dos orientaciones en los gobiernos denominados de izquierda o centroizquierda que dominan hoy la escena latinoamericana. Unos, los que expresa el eterno retorno de recetas que fracasaron en el pasado. Otros, los que logran reformular su visión de las cosas y establecer continuidades de éxito. Tiene un mérito el ensayo: pone los fenómenos que analiza en una perspectiva histórica de varias décadas.

Grondona comienza describiendo la nacionalización energética de Evo Morales y recuerda que ya Víctor Paz Estenssoro había realizado una reforma de ese tipo en su primer gobierno (1952-1964) para arrepentirse de ella en el segundo (1985). Pero se pregunta bien Grondona: ¿son los gobernantes o los gobernados los que tropiezan dos veces con la misma piedra? Señala el caso de los peruanos, quienes «deberán elegir entre un viejo y un nuevo demagogo»: Alan García y Ollanta Humala, claro. Hay experiencias más alentadoras, dice Grondona. Comienza por la chilena, que siempre lo fascina: los socialistas Ricardo Lagos y Michelle Bachelet no quedaron presos de los antecedentes de Salvador Allende, cuyo trágico final oculta, para la mayoría de quienes lo recuerdan, que llevó a su país a la hiperinflación. También los socialistas españoles pudieron emanciparse del pasado «rojo» que desembocó en la Guerra Civil. Antes de hablar de Néstor Kirchner, Grondona cita el ejemplo de Lula da Silva, quien evitó sumergirse en el populismo y cambió un destino que se podía suponer similar al de gobiernos como el de Janio Quadros o Joao Goulart, en los 60. Recala en Uruguay la columna: allí Tabaré Vázquez no tropezó siquiera en la primera experiencia de gobierno, asegura.

¿Dónde hay que ubicar a Kirchner en este esquema bipolar? pregunta el ensayista. Para resolver el acertijo recuerda a Juan Perón, quien en su segundo mandato, a partir de 1952, resolvió apartarse del modelo del primero y abrirse al capital internacional y liberalizar la economía. Pudo no tropezar por segunda vez, en términos del columnista.

Kirchner, dice Grondona, se parece al primer Perón: gobierna con la ilusión del control total sobre el poder político y sobre los resortes de la economía. Como su precursor, se ve beneficiado por una coyuntura internacional formidable y por un rebote interno de recuperación. Cuando llegue su segunda vez, ¿tropezará con la misma piedra? No arriesga Grondona qué pasará en un segundo mandato de Kirchner. Sólo desea que la Argentina se sume al progresismo de Chile, Brasil o Uruguay, «una caravana que la historia nos había ofrecido encabezar».

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