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21 de noviembre 2007 - 00:00

Cómo opera el negocio

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El negocio de los vales de comida y compra en la Argentina, a diferencia de lo que sucede con las tarjetas de crédito y débito, está totalmente desregulado. Por eso, en teoría las dos empresas que actúan en el mercado pueden cobrar los aranceles que quieran y/o pagar en los plazos que fijen.

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Sin embargo, en octubre de 2003 -poco después de que el Congreso estableciera normas para las tarjetas-la CEVAS (Cámara de Empresas de Servicios de Vales Alimentarios y Similares) firmó un acuerdo «voluntario» con comerciantes en el que Accor (Ticket Restaurant) y Sodexho (Luncheon Ticket) se autoimponían una retención máxima de 5,9% para los comercios que aceptaban sus vales, y un plazo máximo de 15 días para la liquidarlos.

En realidad, muchos comerciantes terminan pagando casi 10%, al sumársele al arancel cargas impositivas que lo afectan. En sentido inverso, a las grandes cadenas minoristas les descuentan menos de la mitad del porcentaje máximo.

En la actualidad hay al menos dos proyectos de ley en el Congreso sobre el tema vales de comida: uno es el de Héctor Recalde, que motivó la denuncia presentada ayer por el diputado más cercano a Hugo Moyano. El otro -que data de varios años atrás-intenta darle carácter legislativo al acuerdo de partes firmado por las dos cámaras en 2003, en lo que hace a términos de la relación comercioempresas, plazos de pago y tasas.

Al margen de esto, está aún en vigencia el Decreto 815 de junio de 2001 (gobierno de Fernando de la Rúa) que permite pagar en tickets de compra hasta 10% del salario de los trabajadores en relación de dependencia, norma que fue prorrogada en reiteradas ocasiones. Los vales no tienen carácter remunerativo, lo que exime al empleador del pago de cargas sociales sobre ese monto, pero también implica un aumento de salario para el trabajador, ya que sobre ese 10% no se le practican descuentos jubilatorios. En sentido inverso, lo que se paga en vales no cuenta para el cálculo de la indemnización por despido, pero sí para el del aguinaldo (la parte proporcional también se paga en vales).

Contra esto embiste ahora Recalde, quien pretende que los tickets pasen a tributar igual que el pago en efectivo, seguramente por razones más ideológicas que prácticas o inclusive por un afán fiscalista-recaudador.

  • Mercado secundario

    Otro perjuicio colateral que padecen los beneficiarios es que muchos de ellos se ven obligados a canjearlos por efectivo, en « cuevas» que practican quitas de hasta 20%.

    Sucede que muchos empleados solteros y de buenos ingresos no llegan a gastar en el supermercado la totalidad de lo que perciben en vales, y es ahí que surge el mercado secundario. Los «cueveros» tienen comercios autorizados donde los liquidan, y se reparten la diferencia con esos comerciantes. Fuentes del mercado financiero afirmaron a este diario tener detectado que hasta 30% del total de tickets emitidos se efectivizan en ese mercado paralelo, que también tienen «agentes móviles» (en especial mozos de bares y restoranes, que ofrecen el «canje» a sus clientes).

    De votarse la norma propuesta por el diputado por la CGT, no hay dudas que implicará el fin del negocio de los vales de compra.

    Quizás sobrevivan los vales de almuerzo, que nacieron en Francia en la década del 30 con la idea de garantizar que los obreros que no contaban con comedor en planta almorzaran y no gastaran lo percibido en otros productos.
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