Conatos y escaramuzas otra vez, anoche, en el Obelisco y en la Plaza de Mayo
Es inexplicable para qué público gobierna el gobierno: anoche consintió la prepotencia de los activistas piqueteros de Luis D'Elía y Emilio Pérsico en la Plaza de Mayo. Menos de un millar de manifestantes contra el gobierno, acompañados desde varios puntos de Buenos Aires con otro intenso cacerolazo, fueron desplazados con golpes y agresiones. De nuevo ningún policía que impidiera la violencia, de la que D'Elía alardea después por las radios en una exhibición de impunidad con protección oficial y que promete repetir cada vez que un crítico del gobierno se anime a pisar esas baldosas. El clima que estos gestos instala en el país no se ha conocido en democracia. La misma plaza que fue sede de la protesta contra las violaciones a los derechos humanos vuelve a ser ocupada por policías de civil que se comunican por radio y aseguran la zona liberada para que actúen sicarios del gobierno que golpean al que se anime a un gesto de protesta o de crítica. La noche terminó con los caceroleros refugiados en torno al Obelisco, piqueteros antigobierno fueron corridos por los oficialistas a los golpes, mientras que D'Elía y Pérsico mantuvieron hasta medianoche el control de la plaza de la que dicen ya no se irán.
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El piquetero Luis D'Elía desplegó toda su bronca hacia el campo que protesta contra el gobierno y alzó el dedo considerándose exitoso por haber impedido la manifestación.
En vano, los izquierdistas armaron una hilera con la idea de frenar el paso de las columnas del kirchnerismo que, con el piquetero Emilio Pérsico en primera fila, avanzó, por la Avenida de Mayo, ya que esas columnas no llegaron a ingresar. Eligieron pegar la vuelta por la Diagonal Norte para detener al grupo de cerca de mil manifestantes a favor del campo.
Quedaron frente a frente, separados por unos cuarenta metros, hasta que la columna contra el gobierno, estancada en la intersección de Perú, decidió la retirada hacia el Obelisco, luego de corridas y trompadas.
«¿La Policía dónde está?», se quejaban desde los grupos que intentaron llegar a la Plaza de Mayo, sin mayor organización que los mensajes en sus celulares.
«Acá hay muchos chicos y chicas jóvenes; si avanzan, esto será una carnicería», consideraron para emprender la retirada.
Lo cierto es que cientos de agentes policiales permanecieron todo el tiempo en formación detrás del vallado que atraviesa la Plaza de Mayo para evitar el avance sobre la Casa de Gobierno. En avenida Rivadavia y Reconquista, además, se estacionó desde temprano una decena de carros de asalto.
Los enfrentamientos ocurrieron en Diagonal Norte y Florida, cuando los piqueteros comandados por Pérsico se trenzaron en una trifulca repeliendo el grito de: « Argentina, Argentina» de los defensores del campo.
D'Elía ingresaba en ese momento a la «plaza del pueblo» persuadiendo a los pocos caceroleros que quedaban y a los piqueteros de la izquierda que los acompañaban.
Al mismo tiempo que se daban las trompadas, a unos cien metros, los ruralistas se enfrentaban contra los movimientos «anticolonias».
A pesar de que la contienda duró unos minutos, el nerviosismo perduró hasta que los manifestantes se replegaron hacia el Obelisco.
D'Elía se justificó diciendo que hubo «heridos de ambos lados» e incluso se vio llegar una ambulancia del SAME que acudió ante el llamado por la caída de un joven de las columnas antikirchneristas.
El último manifestante que fue obligado a abandonar la Plaza a golpes de puño fue Guillermo Fischner (cacerolero), quien había ido a increpar a D'Elía acusándolo de formar «una nueva Triple A». Minutos después abandonó la zona el comisario «a cargo» del «operativo policial». Entonces, el kirchnerismo festejó haber impedido el reclamo contra las retenciones.




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