La Argentina y Brasil confirmaron ayer que dentro de 15 días, en fecha por resolver, se reunirán los presidentes Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula Da Silva. Lo había adelantado este diario y se conoció ayer en Brasilia luego de una reunión de los cancilleres Celso Amorim y Rafael Bielsa. El ministro argentino hizo su debut en tierras extrañas reconociendo en un instante una doctrina a la cual el país se opuso durante toda su historia y con la que bregó desde siempre Estados Unidos: que Brasil tiene el liderazgo en la región. Encubrió esa concesión en un ropaje verbal oportuno -«hegemonía sin opresión»-, casi una metáfora de las relaciones carnales con los Estados Unidos por las cuales se mortificó tanto desde la oposición al menemismo. En realidad, era una traducción de otra doctrina de Itamaraty: «Liderazgo con cierta generosidad».
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En ese detalle se incluye la conocida agenda de asuntos de interés común entre los dos países, que ratifica la línea de los gobiernos anteriores: fortalecer el Mercosur para negociar en conjunto una asociación al ALCA, hacer coincidir los esfuerzos para promover negocios de la región en el resto del mundo y discutir el voto común de los dos países en los foros internacionales.
Kirchner ya visitó a Lula en Brasilia, cuando aún era candidato para la segunda vuelta de las elecciones. Ambos cancilleres coincidieron en que esta primera reunión entre ambos buscó «construir confianza». Amorim subrayó que
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