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29 de agosto 2008 - 00:00

Congreso: estalla pulseada entre talibanes y pactistas

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Néstor Kirchner, Carlos Kunkel, Sergio Massa y Agustín Rossi.
La matriz atraviesa todo el gobierno. Desde Olivos, Néstor Kirchner baja la orden marcial de alinear a la tropa. Mientras, en Casa Rosada -en algunos despachos-, la consigna es otra: dialogar, aceptar retoques, para construir consensos más o menos sólidos.

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Como la remanida trama de una película de clase B, los Kirchner jugaron al bueno y el malo mientras, cada vez que surgieron rumores -o indicios firmessobre diferencias profundas en el matrimonio, se recurrió a la misma figura: Néstor y Cristina son lo mismo. La ley de movilidad jubilatoria aparece, por estas horas, para desafiar este último axioma. Mientras el ex presidente manda, a través de los ultra- K, a cerrar filas y no modificar el texto oficial, en Balcarce 50 proponen acercar posiciones, aun haciendo concesiones.

El efecto de la 125, que quebró la supuesta invulnerabilidad K, tuvo como consecuencia el florecimiento de rebeldías entre los diputados y senadores. Primero se expresó en la iniciativa de reestatización de Aerolíneas Argentinas, que fue modificada de cuajo.

Ahora amaga con avanzar también sobre la Ley Jubilatoria enviada por Cristina de Kirchner que apunta a fijar un régimen de movilidad para los haberes que se actualice dos veces al año a partir de un coeficiente variable que vincula inflación y recaudación.

«Los problemas los tenemos en el bloque oficial, no en la oposición que tiene voluntad de marcar matices, pero quiere acompañar» reveló, ayer, un funcionario que sigue de cerca la negociación en el Congreso. Y que valoró lo hecho por Agustín Rossi.

El lamento es doble, además, porque entienden que las objeciones del kirchnerismo tienen, todavía, mayor rigurosidad entre los ultra-K. La explicación es simple: la orden de alinear, con tono talibán, reduce los márgenes de consenso que pretendela Casa Rosada. Veamos: Sergio Massa, el jefe de Gabinete, se ha mostrado como un dialoguista y quiere, justamente, que una ley que aparece como la coronación de su larga estadía en la ANSeS -estuvo entre 2002 y 2007- logre el mayor nivel de consenso, entre los K y, en lo posible, con la oposición.

  • Desinteligencias

    Ante eso, la indicación que bajan Carlos Kunkel y Carlos «Cuto» Moreno, portavoces de la obediencia debida, produce desinteligencias. Encima, en un marco donde hay movimientos cruzados y, en el gobierno, mirancon recelo la conducta de algunos legisladores.

    Posaron la lupa, por ejemplo, sobre Juan Carlos Díaz Roig, formoseño que presidente la Comisión de Previsión. «Nos hubiese gustado tener a un Cantero», dijeron en gobierno, para referirse a la defensa cerrada que el cordobés Alberto Cantero hizo de la Resolución 125. De fondo, la cuestión divide a los «duros» que prefieren una mayoría simple, quizá acotada, «sin traidores adentro» mientras que del otro lado, al menos en esta ley, desde Casa de Gobierno baja la indicación de aceptar discutir el proyecto sin, claro, modificar su espíritu.

    El atajo podría ser introducir reformas, pero que éstas lleguen vía el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, quien se puso al frente de la tarea de acercar posiciones entre los legisladores. A la misma tarea se abocó la cúpula de la ANSeS que comanda Amado Boudou.

    La semana próxima, según avisó Rossi, el proyecto tendría dictamen de comisión y sería tratado en el recinto. Ese esquema, con retoques incorporas por el Ejecutivo, dejaría fuera de la mesa de consenso a sectores de la oposición que enviaron señales de acompañamiento.

    Con matices, ganaría la línea dura, y Kirchner, en Olivos, podrá volver a festejar que su tropa en el Congreso volvió, mansa, a la obediencia debida.
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