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26 de agosto 2008 - 00:00

Cruzada contra radicales ex K

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Oscar Parrilli
Fue, a su hora, quien los cobijó: los atrajo, los contuvo y los integró al espacio oficial. Pero, sintiéndose traicionado, Néstor Kirchner ordenó una cruzada casi personal contra los radicales que, ahora soldados de Cobos, se destatuaron la letra K.

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Quirúrgica, premeditada, la ofensiva empezó a desplegarse en puntos clave de Buenos Aires: las ciudades que gobiernan radicales que, hasta antes del estallido del campo, juraban su lealtad a los Kirchner pero, de la mano de Julio Cobos, ahora están en la trinchera de enfrente.

En provincia, ese club tiene dos protagonistas emblemáticos: Mario Meoni y Héctor «Cachi» Gutiérrez, alcaldes de Junín y Pergamino. Pero la metralla kirchnerista no se detiene ahí: apunta, además, a otros intendentes, como Miguel Lunghi, de Tandil.

Un clásico de las maniobras del ex presidente, la embestida contra los ex radicales K (o «radicalex K») opera a través de La Cámpora, grupo de la juventud que se mueve por mandatos de la Casa Rosada y Olivos, y tiene como mecenas poco visible a Máximo Kirchner.

El sábado, en Tandil, se produjo un desembarco de La Cámpora como anticipo de lo que será una estrategia repetida en otros distritos gobernados por radicales. que hasta hace unos meses formaban parte del elenco kirchnerista. La operación cuenta con el apoyo logístico de Oscar Parrilli.

En Tandil, se reunió la vanguardia K: el diputado Ariel Passini (Militancia Social), Federico Martelli (MUP-La Cámpora), el parrillista Rogelio Iparraguirre, Andrés «Cuervo» Larroque (Juventud Presente) y Walter Abarca, cuyo mayor diploma es haber sido moviconero de Néstor y serlo, ahora, de Cristina.

Juntaron, para mostrar tropa, a los concejales del Frente para la Victoria y participaron, además, dirigentes de los gremios de Camioneros, UTA y SUTEBA. Milagro K: la extensión local de Roberto Baradel compartió bombos y aplausos con los seguidores de Hugo Moyano.

  • Atajos

    Todo sea por la causa: tratar de recuperar para el peronismo, o más precisamente para el kirchnerismo, distritos gobernados por radicales que la Casa Rosada no pudo ganar en las urnas y quiso hacerlo usando el camino más corto: sumar a su espacio a los jefes locales.

    La fórmula, que funcionó un tiempo, ahora ya no da resultado y Kirchner mandó a sus muchachos a armar en los distritos, con la intención de hostigar a los alcaldes que fueron radicales K y proyectar, con chances en suspenso, desafiarlos en las legislativas de 2009.

    El caso de Tandil fue el primero y seguirán, en las próximassemanas, las avanzadas sobre Meoni en Junín y Gutiérrez en Pergamino. La táctica es la misma: abrir franquicias locales de La Cámpora, con presencia de funcionarios, para que sean usinas críticas de los intendentes.

    A Meoni, sobre todo, en la Casa Rosada lo tienen en la mira. Fue uno de los radicales que más simpatía consiguió de Kirchner. Tiene, todavía, un buen amigo en Balcarce 50: Sergio Massa, quien hasta lo recomendó en su momento como su sucesor en la ANSeS.

  • Posible indulto

    Ahora aquellos encantamientos se disiparon y Kirchner quiere competir en Junín contra Meoni. Quizá sea sólo una amenaza y al final, cuando baje la espuma del conflicto del campo, así como libró Oscar Parrilli una amnistía a los peronistas díscolos, Kirchner indulte a los radicales K que tomaron distancia.

    Por lo pronto, la maniobra sigue en marcha. Además de Meoni, un caso emblemático en la cruzada K, La Cámpora se apresta para aterrizar en Pergamino donde gobierna «Cachi» Gutiérrez, otro de los alcaldes que formó parte de la novel traslación de radicales hacia el planeta K.
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