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Sobre todo observando que el gobierno nacional usó dinero oficial, medios oficiales (radio y TV), prensa oficialista, actos oficiales, encuestas pagadas con fondos del Estado, presencia del Presidente hasta violar la ley electoral una ceremonia inaugural con Ibarra el viernes previo a los comicios en plena veda política.
Fundamentalmente enfrenta el statu quo, que en la Ciudad es muy importante, con 125.000 empleados municipales que son casi similar cantidad de votos para quien gobierna, permisos otorgados y a renovar, etcétera. Ese es un fuerte voto a Ibarra.
Macri iguala las posibilidades de ganar el domingo con un apellido difundido (aunque favoreció ataques de sus adversarios), como presidente exitoso de un famoso club de fútbol y, fundamentando sus aspiraciones políticas, gestionándose su propia ayuda (privada) para la campaña y sin prensa imparcial. Tuvo muy poco apoyo de Eduardo Duhalde que, si gana, le exigirá más de lo que le aportó. En estas condiciones si triunfa y sale jefe de Gobierno será una hazaña electoral.
Si con toda la ayuda oficial, en cambio, Aníbal Ibarra no gana, su futuro es incierto. No le sería fácil, además, llevar la carga de haber fracasado en la administración de la ciudad más rica del país. Si gana deberá enfrentar también situaciones difíciles. Por ejemplo ser mirado por media ciudad como quien frustró la posibilidad de conocer a un joven, no político, como Macri en acción. Queda mucho más comprometido que antes en realizar una gestión con menos flaquezas y deberá rendirle pleitesía a Kirchner, que usará su eventual triunfo. Más con el riesgo de imagen en que se metió el Presidente al volcarse en pleno sobre los comicios.
Inclusive se sospecha que Kirchner no quiso arriesgar cerrar un acuerdo con el Fondo Monetario 4 días antes de la elección capitalina para no ahuyentar votos de izquierda. El voto de izquierda en la Capital Federal para Ibarra (que ganó el cargo en la Alianza con los radicales en 1999) tiene más fuerza que para cualquiera en el interior del país, aunque nunca le bastó a ese sector, por sí solo, para ganar ninguna elección capitalina. Por eso no se cree que el gobierno, si así operó con el Fondo, haya hecho bien en alarmar al electorado porteño, tradicionalmente en su mayoría de centroderecha moderado, poniendo al país al borde de caerse del mundo si entramos en default con el Fondo Monetario.
Un Ibarra perdidoso también será de lamentar, porque los gobiernos socialistas suelen hacer las cosas bien en gestiones municipales. A algunos, como Teodoro Bronzini en Mar del Plata, sólo el tiempo le impidió renovar permanentemente el cargo de intendente que ejerció con gran esmero y éxito. Cuando se abrió el Concejo Deliberante (en 1958, tras haber permanecido cerrado todos los años de presidencia del general Juan Perón y ya desde 1943), hubo una concejal comunista brillante en sus exposiciones, Alcira de la Peña. Igualmente se destacaron siempre los restantes concejales del socialismo. Este es un partido que mantuvo, para su prestigio en temas municipales, una gran austeridad en el gasto por medio de sus hombres públicos.
Si gana Ibarra, admirador de Lula Da Silva, tendrá la experiencia que le dieron estos 4 años opacos de Lord Mayor para no cometer los mismos errores. Si gana Macri surgirán enormes expectativas de ejecución. Se daría el juego de alternancia de centroderecha y centroizquierda moderados en la gestión del Estado, como en los grandes países. Esperar el domingo.




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