Alberto Fernández prepara su vuelta a escena animado por un círculo de funcionarios que le deben su permanencia en el gobierno de Cristina de Kirchner. Para ese regreso público, se aventuran aún varios escenarios, desde una reunión gastronómica con ministros y adherentes de la llamada zona crítica del kirchnerismo, hasta una modesta reunión que la semana que viene mantendrá el PJ Capital, que en los papeles conduce el ex jefe de gabinete.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Por el momento, suspendió una comida a la que estaban invitados varios funcionarios de variados rangos, amigos del comensal principal, Alberto Fernández, quien no por cuestiones de dieta -últimamente pide pollo sin piel y espinacas- levantó los cien platos preparados para ayer a la noche.
Una reunión de ese tipo es la que busca desde que, hace veinte días, abandonó la Casa de Gobierno, pero no la única en su agenda, desde entonces. Sigue, Alberto F. armando tenidas con las que sueña, organizar el kirchnerismo, o quizá, un gobierno nuevo. Pero, todavía, creen, teme irritar más a los Kirchner con una reunión de ese estilo, más cuando -de sus eventuales invitados- pocos le creen que su retirada no afectó la relación con el matrimonio presidencial. Es más, muchos creen -y otros saben- que las conversaciones de Alberto F. con los esposos, no se ha retomado siquiera. Justificó el plantón: «Si voy y no digo nada, empiezan las especulaciones y si digo, se arma revuelo». ¿Que querrá decir?, ese Alberto que se recluye en la escritura de un libro que recopilará su experiencia kirchnerista.
«Es la organización del kirchnerismo crítico, o del neokirchnerismo», definía ayer un grupo de funcionarios, sin saber explicar a qué clase de aliados del gobierno quiere reclutar Alberto F. Más lo ven concentrado en conservar el mando de esa tropa sobre la cual mantuvo influencia, mientras ostentó el poder de su despacho y desde esa cabecera, reconquistar la confianza de Néstor Kirchner.
Es que no sólo se ha entregado al procesador de textos. Fernández viene manteniendo reuniones permanentes con funcionarios, con gobernadores y, especialmente, con algunos escuchas que ha dejado en la Casa Rosada y le llevan que, por ejemplo, el joven Sergio Massa no hay reunión que comience sin halagar primero a su antecesor, «después habla de él», le dicen para que se entusiasme.
Alberto F. casi cree que sigue gobernando y que lleva la pesada misión, ahora, de rearmar todo lo que la crisis del campo se le ha llevado al kirchnerismo.
«Está todo atado con alambre», suele repetir para que lo entienda un puñado de fieles que permanecen en la gestión de Cristina y que para él es el testimonio de que los Kirchner no lo han abandonado. Está convencido de que existió la consigna de «dejar a mi gente», pero no puede dar aún testimonio de que así lo ha pactado.
Repaso
«Fijate, hasta nombraron a Oscar González que yo lo había propuesto y mirá a Gustavo López, el cargo que le dieron», repasa de una lista que iba anoche a sentarse a la mesa. Entre ellos, ministras como Nilda Garré y Graciela Ocaña, funcionarios como Héctor Capaccioli (resistiría la auditoría que le hace la ministra de Salud), colaboradores como Claudio Ferreño -uno de los promotores del regreso público de su ex jefe.
Hasta ya está reciclando oficinas en la avenida Callao y Perón, en el centro de la Ciudad de Buenos Aires, para reanimar la fundación El Calafate, de la que mantiene el título de presidente.
También le queda el PJ Capital, con el mismo honor, pero no cree que ese sello reporte algo en las futuras elecciones, aunque desde que abandonó la gestión ha recompuesto su relación con el sindicalista Víctor Santa María, quien es el real gerenciador -junto al legislador Juan Manuel Olmos- del Partido Peronista de los porteños. «Van y vienen juntos a todos lados con Víctor», remarcan los amigos de Fernández sobre la nueva vida del ex jefe del Gabinete nacional.
«No quiero sumar al desorden», explicó a algunos sobre cómo ve la situación en el kirchnerismo y enumera que «hay que ordenarlo todo, no sólo el PJ Capital» y repite: «Está todo atado con alambre».
«Alberto por ahora está charlando con gente, para ver si puede seguir siendo el armador del kirchnerismo en Capital», definió el legislador porteño, Diego Kravetz, otro soldado albertista, para refutar que ya se esté pensando en la candidatura a diputado del ex jefe de ministros. Ahora, sus seguidores esperan para la semana que viene la primera reaparición pública de Fernández, en una reunión del PJ Capital.
Dejá tu comentario