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La mentalidad del político o economista dirigista es autoritaria, fascista: cree que todas las experiencias históricas anteriores fallaron porque no tenían su inteligencia para planear cada paso de la conducción política o económica de un país. Benito Mussolini, por ejemplo, regalaba camas dobles a la población y les cobraba más altos impuestos a los solteros y a los matrimonios sin hijos. Quería forzar los coitos legales porque creía que la mayor población era la base de la riqueza de un país, algo que hubiera dado el dominio económico del mundo a China e India.
Un gobernante no puede ser insensible frente a la extrema pobreza. Tampoco tener una esposa que lo aparte de las soluciones de fondo que corresponden a un estadista o intento de estadista como corresponde a todo gobernante.
El nuevo dirigista de estos días, que cree solucionarlo todo en su escritorio con un papel y lápiz, sin analizar tendencias de mercados, sin consultar a expertos que piensen distinto, cuando menos debe tener edad para haber vivido o capacidad de estudio para haber entendido a sus antecesores dirigistas.
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