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15 de noviembre 2006 - 00:00

Doble indemnización para chavista D'Elía

Había intentado resistir, pero su salida del gobierno era irreversible. Así y todo, a pesar de tener que dejar su cargo, Luis D'Elía montó el simulacro de que fue él quien renunció en vez de lo que realmente ocurrió: tras su visita a la Embajada de Irán, desde Santa Cruz, Kirchner lo expulsó del gobierno. Ayer, sin deslizar una pizca de reproches o críticas contra el Presidente -"nuestra alianza con el gobierno es inquebrantable", dijo-, el ya ex funcionario prefirió apuntar contra Estados Unidos e Israel. Poco faltó para que denuncie una sinarquía internacional en su contra. Antes de irse, D'Elía negoció su salida. ¿Dejará a su esposa, Alicia Sánchez, como su sucesora para conseguir así doble indemnización? Esa versión confrontaba anoche con la que sostenía que el cargo sería ocupado por un hombre de Julio De Vido, pero que la orden de Kirchner es "contener" al jefe piquetero.

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Lo que empieza mal termina mal. Y el creador, aunque no lo desee, ingiere su propio veneno. Así se fue Luis D'Elía del gobierno, tras más de 24 horas de inexplicables conciliábulos, luego de ofender la política del propio Néstor Kirchner al que debía responder, privilegiando en cambio a quien -que se sepa- no le paga un sueldo: el general Hugo Chávez (con el que, según infidencias, en las últimas horas habló telefónicamente dos veces). Y en su arremetida a favor de un Irán no democrático, copiando la estela del venezolano, denunció que al gobierno Kirchner lo rodean e influyen «lobbies» norteamericanos y judíos. Aunque no reveló nombres y dijo sostener todavía al Presidente, sólo a él parecía imputarlo: hay memoria cercana por el último viaje del matrimonio a los Estados Unidos donde se consagró con la fotografía en Wall Street. La imputación del piquetero apuntó también a la primera dama: ella es una reiterada visitante y con amplio diálogo ante los grandes organismos judíos del mundo. A los cargos, D'Elía le agrega un dato complementario y personal: sabe que su nombre no figura en la lista de preferidos de la señora, más de una vez hasta percibió cierto desprecio femenino por algunas de sus actuaciones.

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En su desafío y obligada dimisión, entonces, D'Elía expuso a la Casa Rosada frente a una triple compulsa, que quizás desnude una contradicción: objetó la política exterior, a la que considera más lejos de No Alineados --adonde la Argentina volvió con alguna pompa hace poco-y la considera ahora disciplinada a la línea Washington-Tel Aviv; impone un ariete divisorio para los sectores de izquierda o progresistas que venían sosteniendo al gobierno y, desde este episodio, quizás revisen o discutan esa actitud; por fin, aunque no menor, abrió un debate sobre la participación o no de los núcleos piqueteros con el oficialismo, sea a la hora de recibir menguados subsidios o de salir a la calle.

Como es costumbre, el último punto -quizás el menos significativo- es el que más afecta al Presidente, quien habría decidido continuar la empresa D'Elía pero con otro nombre, no vaya a ser que se le escapen estos grupos sociales y se instalen en la oposición. Si hasta se llegaba a mencionar anoche, como alternativa, a la propia mujer de D'Elía, menos famosa que la Nina Peloso de Raúl Castells, como sucedánea del hombre de voz meliflua. Si el mandatario se puede dar esos lujos de sucesión, ¿por qué no un piquetero aburguesado?, se dicen los muchachos a sí mismos. Pero ese temor, en verdad, tampoco se ha cristalizado aún en la Casa Rosada: parece que Kirchner demorará el reemplazo, que meditará, total el área que ocupaba D'Elía se ha vuelto insignificante -un globo, aseguran en gobierno- desde que bajaron los índices de desocupación y al piquetero le cuesta reunir adhesiones por más que disponga de gentilezas. Ya percibió hace tiempo D'Elía ese apartamiento oficial: le redujeron el presupuesto, las viviendas las manejan José

López y Luis Bontempo, ciertos ministros no lo recibían, hasta lo rechazaban de ciertos palcos en el conurbano y, por si fuera poco, su referente en el gobierno, Oscar Parrilli -quien fue el verdugo al pedirle la renuncia- se ha vuelto más decorativo de lo habitual. Esa vida de ciudadano común o funcionario inútil lo había puesto nervioso y ciego a D'Elía, intentó un shock sin medir el daño, tal vez ingrese al capítulo de los olvidados de un sector político como las Mary Sánchez, las Martha Maffei o los Víctor De Gennaro que, para reencontrarlos en los medios, es necesario presentar un hábeas corpus. ¿Se atreverá a prescindir de esos servicios el Presidente, justo cuando busca en todas partes la mayor cantidad de aliados, tiene pesadillas por posibles divisiones y, para mantener santos equilibrios, hasta promueve como entretenimiento a diez candidatos como gobernadores de Buenos Aires? Lo que está claro es que no gusta de empacharse con cicuta.

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