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La primera de ellas tiene que ver con la lista de diputados nacionales. Duhalde tiene pensado plantear una opción a los ministros-diputados: son dos, José Pampuro y Aníbal Fernández. Integrantes del gabinete de Néstor Kirchner, también forman parte de la lista de candidatos de la provincia. El ex mandatario cree que deberán optar por uno de los cargos y ellos deberán dar respuesta.
En cambio Aníbal Fernández todavía no tiene en claro cuál sería su mejor destino. Lo entusiasma el titular de Interior, pero hay quienes estimularon en él la fantasía de ir a la Cámara para presidirla. Es fácil convencer a Fernández de las virtudes de ese proyecto: tiene suficiente animosidad con el quilmeño Camaño como para soñar con su reemplazo. Por otra parte, Fernández se concibe a sí mismo como una membrana osmótica entre duhaldistas y kirchneristas, ideal para representar a la provincia de Buenos Aires en la cámara baja y, a la vez, ser parte de la línea sucesoria. ¿Falta algo para completar el plan? Basta consignar la amistad del ministro con José María Díaz Bancalari, a quien sirvió en la Legislatura bonaerense y en el Ministerio de Gobierno de la provincia de Buenos Aires. Díaz Bancalari también exhibe su patente de «prenda de unidad» entre Duhalde y su sucesor, destacando las dificultades de Camaño con el kirchnerismo. Acaso sean todas estas razones las que vuelven fuerte al actual presidente de la Cámara, quien hoy funciona como el principal operador político del ex presidente, comisionado para controlar el mayor bien que exhibe la corona duhaldista: el dominio sobre los diputados.
Otra de las tareas que esperan a Duhalde mientras se quita las zapatillas compradas en Brasil (curtidas ya de trajinar museos del viejo mundo) es la de mediador en las distintas internas en las que el gobierno se roza con el peronismo. Entre todas, la que más lo inquieta es la de Misiones, donde el hombre de Lomas piensa apoyar la candidatura de Ramón Puerta, enfrentado al gobernador de la provincia, Carlos Rovira. El ex presidente tiene pensado reunir a Puerta con Kirchner, un objetivo acaso demasiado ambicioso o prematuro. «¿Para qué se va a comprar Néstor un problema en una elección cuyo resultado es una lotería?» le comentó Duhalde a uno de los amigos que lo fue a buscar al aeropuerto ayer y con el que se verá hoy por la mañana.
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