ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

15 de abril 2003 - 00:00

Duhalde le pide a su espejo tres imágenes esquivas

ver más

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Al margen de otras lindezas del espejo mágico, esto es lo que ve el protagonista. Aunque ésta no sea exactamente la imagen que tal vez injustamente muchos se han hecho de él. Ya que, sin duda por razones de pésima comunicación -el periodismo siempre es el culpable-, a Duhalde se lo reputa como un populista no precisamente de izquierda (los marxistas argentinos se deben persignar ante la sola insinuación de que lo incluyan en su grupo), más bien inclinado a posiciones de cerril derecha, sea por respaldar a Carlos Ruckauf en su momento con el «meta bala», por asociarse en forma poco transparente con Aldo Rico o por alabar y compartir lo que fue conocido como «la maldita Policía». Por no olvidar su adscripción a las Seis Dos bonaerenses o citar pensamientos y graciosos chascarrillos de sus amigos íntimos -el único mar en el que nada y lo rodea-sobre los ciudadanos que abrazaron la causa de Carlos Marx. Ni el voto pro al régimen de la isla -impuesto tal vez por Raúl Alfonsín, Néstor Kirchner y algún Ejecutivo externo ajeno a la doctrina Monroe-lo salvará de esa impresión terminal.

Tampoco el privilegiado azogue coincide en sus reflejos con otra expectativa popular, debido quizás a la maldición de origen del protagonista. Es que Duhalde, por provenir de los arrabales bonaerenses de la política, padece suspicacias en su conducta al margen de sus publicitados emblemas anticorrupción: no lo ayudó -cuando estuvo a cargo de la Gobernación de Buenos Aires-la administración de suculentos fondos nacionales travestidos en coparticipación y, mucho menos, para fijar un solo ejemplo, la escandalosa forma en que se gestionaron créditos e incobrables del Banco Provincia durante su mandato. Hay más certezas que interrogantes sobre este caso, por ahora con investigaciones tardías, inconclusas. Es de lamentar que, tanto empeño por proteger la imagen que devuelve el espejo propio, no se haya trasladado para responder las denuncias de Adolfo Rodríguez Saá sobre «el anillo de corrupción que rodea a Duhalde» (más la mención específica de gigantescos sobreprecios en la construcción del estadio único de La Plata, entre otras anomalías).



Nadie ignora esta realidad y, por más que Duhalde disfrute de esa vana imagen transitoria que le devuelve el espejo, sabe que nunca podrá retratarse como se ve. Es que las cámaras fotográficas no registran las emociones invisibles. Y así como algunos niegan lo que son, por más que el espejo diga lo contrario, los estados de ánimo suben tanto como bajan.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias