El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El otro fenómeno de la elección bonaerense, además de esta fragmentación del PJ, fue la formidable abstención. Fue récord, con 32% de no concurrencia y 6% de votos en blanco. ¿Desinterés por la política? Posiblemente, como sucede en las grandes crisis en que la población se repliega hacia la vida privada, impulsada por una mezcla de urgencia y desencanto. Como consignó ayer este diario en su Contratapa, el voto se ha vuelto, «de facto», voluntario en la Argentina. Hay también una corriente de abstencionismo en las capas medias y medias altas, que se recluyen en los countries los fines de semana. Ya lo había advertido Menem cuando comenzó a predicar las ventajas del voto voluntario, especulando con que los sectores más postergados y más propensos a convertirse en clientela electoral de los grandes partidos terminarían consagrando a candidatos peronistas.
Hay un síntoma adicional acerca del desencanto político que expresa el voto negativo y la abstención: ese brote se vuelve más intenso en el rubro legislativo. ¿Desprestigio de los cuerpos colegiados? ¿Desdén por los partidos y sus «listas sábana»? Es aventurado identificar un factor. Pero cuando se trató de votar diputados nacionales, la abstención fue 14% más elevada que para la categoría «gobernador». En el PJ oficial se sintió especialmente: Solá consiguió aproximadamente 250.000 votos más que Chiche Duhalde, quien presidió la lista de diputados nacionales. Hubo también un corte de boleta provocado por los candidatos a intendente, sobre todo de asociaciones vecinales, que se preocupa de asegurar la vinculación de su boleta con la de un candidato a gobernador. No con la lista de diputados.
Otro rasgo llamativo de la elección bonaerense del domingo pasado: las innovaciones se pronuncian en la medida en que el electorado está radicado en áreas más próximas a la Capital Federal. Si se observa la denominada «provincia interior», donde predomina la población rural o semirrural, se advierte que la política sigue funcionando según los viejos patrones bipartidistas: fue allí donde mejores marcas hizo Margarita Stolbizer. En cambio en el área metropolitana, el paisaje se fragmenta y ganan espacio Luis Patti, Aldo Rico y hasta Carlos Raimundi, del ARI.
Esta persistencia del bipartidismo y de las pautas de comportamiento tradicional más allá de los grandes centros urbanos parece reproducir una tendencia que se verificó también en la escala nacional. En Santa Cruz ganó el PJ pero en Río Gallegos lo hizo la UCR; en Chubut se impone la UCR y también sucede eso en el Chaco, en Tierra del Fuego o en Catamarca. La que parecía una transformación histórica de la política argentina, de sus alineamientos e identidades de grupo, ¿terminó siendo un fenómeno exclusivamente metropolitano, ligado a la Capital Federal y el primer cordón del conurbano?
No se trata tampoco de pensar que en el interior de la provincia haya habido un reverdecer radical. Apenas se detuvo la caída: Duhalde festejó en Lomas de Zamora el lunes por la madrugada la conquista de plazas difíciles como Bahía Blanca, Junín, Rojas, Chacabuco o Chivilcoy. Casi tanto como haber recuperado «su» Lomas de Zamora, Quilmes, Avellaneda o Magdalena.
Dejá tu comentario