2 de septiembre 2003 - 00:00

Duhalde: viajes que son pantallas

Sea por la organización que genera pasar dos años al frente del gobierno o debido a la mínima actividad electoral que le demanda la provincia (en Buenos Aires únicamente falta anotar el resultado y habría una sorpresa si el oficialismo no fuera ganador con 40% por lo menos), Eduardo Duhalde se ha hecho tiempo para intentar la representación de diez países -con sede en Montevideo-, seguramente elegido por todos los presidentes y no sólo por el argentino, bajo el título de «Unión Sudamericana» o «Países del Sur» que reúna a los miembros del Pacto Andino y del Mercosur. Eso lo obligará a viajar y no exclusivamente por la región, ya que después de los comicios ha aceptado una invitación del Rey de Marruecos para interesarse a conocer in situ esa cultura árabe.

Como si se desentendiera de lo doméstico, más allá de que busque local u oficinas para su nueva actividad. Sería injusto, sin embargo, proscribirlo de la política local, menos con una esposa decidida a sacar más votos con su lista que el propio gobernador Felipe Solá. Piensan que, tal vez, Solá se vuelva insoportable si obtiene más voluntades en lo personal que el resto del duhaldismo (cuestión, por otra parte, bastante probable: el radicalismo del interior bonaerense, no demasiado convencido en su propia candidata a gobernadora (Margarita Stolbizer), quizás opte por cortar boleta, premiando a Solá (no van a votar a Patti ni a Rico) y confirmando sus propias listas de legisladores.Aún así, Duhalde no enfrenta ni piensa en algún nubarrón en su distrito.

Sí, en cambio, deberá atender otras provincias -quizá con más cuidado que en el pasado, a las que no le dedicó tiempo- administradas por justicialistas o que contengan líderes de ese partido.Sea Carlos Reutemann en Santa Fe, su amigo Ramón Puerta en Misiones, el filo radical José Alperovich, Rubén Marín en La Pampa, Jorge Capitanich en Chaco; podría continuar la hilera de amigos y aliados, más claro de los que Néstor Kirchner quisiera tener como propios. A todos ellos les transmite hoy prudencia y hasta trata de convencerlos de tareas ciclópeas. Por ejemplo, que acepten a Carlos Ruckauf no sólo en la lista de diputados sino como uno de sus principales asesores en esta fusión pretendida del Mercosur y el PactoAndino.

Para Ruckauf le asigna esta responsabilidad y, desde hace 48 horas, junto a su esposa, ha empezado a despejar incógnitas sobre la razón por la cual el gobernador en su momento abandonó la provincia. Más que extrañar esta explicación, por algunos ya conocida (recordar que ni el propio Ruckauf, cuando renunció, supo por qué Duhalde le había pedido que lo acompañara a la Cancillería), lo que quizás sorprenda es el ímpetu en que ha puesto para sostenerla. Como si se la dirigiera a alguien en particular, a Solá y al propio Kirchner, quien no han vacilado en cuestionar a Ruckauf. De este modo público -y advirtiendo que lo tendrá a su lado en cuestiones de tipo regional-, los Duhalde le marcan también el territorio a sus otros colegas de la política: quienes dicen ser mis amigos deben conocer cuáles son todos mis amigos. Para que no haya discusiones. O para que las haya, más allá de viajes y otras tareas de tipo internacional.

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