«La intriga cuartelera hacia la política fue erradicada de la vida argentina. La intriga política sobre los cuarteles es tan riesgosa como la anterior y parece regresar después de 20 años.» La oscura predicción fue una de las duras frases que el removido jefe del Ejército teniente general Ricardo Brinzoni eligió ayer para su discurso de despedida. El militar, que refirmó el apego castrense a la Constitución, se quejó abiertamente por la «inexplicada» decisión de Néstor Kirchner de desencadenar el pase a retiro de decenas de altos oficiales de las tres armas, un gesto de «renovación» -según explicó el gobierno- que nadie ha logrado entender. La movida del Presidente implica un desgaste prematuro para el flamante ministro de Defensa, José Pampuro, quien es visto ahora como un mero asistente, como en los tiempos en que servía a Eduardo Duhalde.
Estaba quien asumiría la jefatura del Ejército unas horas después: el general
Cuando concluyó el desfile y comenzaron los saludos, nadie atinaba a explicarse el porqué de la purga que se lleva puesta a la mayor parte del generalato, a 14 integrantes del almirantazgo y a la cúpula de los aviadores.
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