3 de agosto 2004 - 00:00

El autoanálisis del Fondo no incluyó a culpables políticos

Me parece serio y técnicamente valioso el documento de autocrítica que difundió el Fondo Monetario Internacional sobre su actuación en la década de los '90 en la Argentina. No fueron tantas -ni únicas- sus culpas que culminaron con la mayor crisis económico-social de toda la historia argentina. Fue en aquel convulsionado diciembre de 2001 y pocos días después, ya en enero de 2002, que alcanzó su punto más álgido con el anuncio del default, felizmente circunscripto éste a los acreedores privados externos e internos pero no a los organismos internacionales de crédito. Por lo menos es así hasta ahora.

Hay aspectos de ese documento del Fondo difundido hace pocos días que no están de acuerdo con la verdad pasada. Tampoco es exacto, como dijo el Presidente, que lo ocurrido en los '90 nos haya costado «15 millones de pobres». En realidad no es correcto lo de Néstor Kirchner si lo refiere sólo al accionar económico y a las políticas del Fondo Monetario. Sí serían verdad los 15 millones si incluyeran los factores políticos. No nos engañemos ni caigamos en el simplismo de los analfabetos en economía que opinan, los timoratos de dar nombres o los que, conociendo ambos aspectos, engañan.

La mayor crisis económico-social de la Argentina, como fue la de 2001, tiene motivos históricos que, cuando menos, se remontan a 1930; tiene imponderables históricos insobrellevables para cualquier país y tiene culpables con nombre y apellido que, para peor, están vigentes todavía en la vida política argentina.

El motivo histórico de la crisis no muchos lo conocen pero este diario ya lo señaló: con la crisis mundial de 1930 el mundo europeo deja de comprarle alimentos a una Argentina que tiene una tierra privilegiada para producirlos más baratos que cualquiera y en el mejor nivel de calidad. El mundo se achicó económicamente, la demanda mundial se achicó y la Argentina le sucedió la peor desgracia para un país, una sociedad o una persona: pasar de un estado de bienestar (éramos el 8° país del mundo) a decaer desde allí permanentemente. Este declive cuando sobreviene lleva a las naciones a una puja despiadada interna por el ingreso como no se da en los países que, sin haber llegado a algún zenit, van creciendo lentamente en el bienestar con ciclos pero aun así ascendentes. Los países que no conocieron un pasado de esplendor son más solidarios y calmos porque piensan que si ellos no llegaran a un mejor bienestar, sí lo harán los hijos. El resentimiento en naciones como la Argentina se da cuando la decadencia no se frena y los padres piensan que sus hijos van a estar peor que ellos. Eso desespera y enfrenta a hermanos, con la consecuencia de hacer inestables a las sociedades y a la política.

• Progreso científico

El factor técnico, a su vez, que llevó a la Argentina a su peor crisis hace menos de 4 años es la biotecnología. El progreso científico hizo que un mundo que no podía pagar los excelentes alimentos del agro argentino pudiera producirlos hasta en el Sahara.

En el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial las naciones que tienen dinero pero no buenas tierras pueden gastar en biotecnología y subsidios a sus agricultores y productores ganaderos para autoabastecerse. El hambre, la necesidad, derivan a pueblos sin plata para pagar. Llevamos 75 años, desde 1930, con una Argentina zigzagueante pero con tendencia decadente, incapaz de asumir su nuevo estatus de no rica y resignarse hasta que pueda desarrollar lo que hoy constituye la verdadera riqueza de las naciones: una industria competitiva integrada en todas sus etapas, una clase dirigente con inteligencia, con visión, y una tecnología amplia que le permita sustituir sus carencias, si las tiene.

La Argentina, empeñada en vivir a un nivel de esplendor del pasado que no sobrelleva darlo como sin retorno, no generó una buena industria competitiva, engendró dirigentes más pícaros para luchar por los despojos que inteligentes para recrear otro país. Así seguimos dependiendo de demandas esporádicas de nuestra riqueza base, la del campo. Cuando aparece una demanda imprevista, como en esta época la de China recreándose como país e irrumpiendo con fuerza en la demanda mundial, la Argentina florece hasta que la competencia usufructúe mejor esa demanda. Somos caros en flete porque estamos en el confín del mundo, por caso. Así nos vuelve el ciclo de nuestro pujar por el ingreso, que siempre es lucha por lo residual, con el que está al lado. No prevalecen los políticos más inteligentes sino los más audaces, los más inescrupulosos, los más mentirosos, los de visión corta para cambiar un país aunque pueden mejorar considerablemente, en ese contexto de disputas constantes, su ingreso y lujuria personal.

• Limitación

No podíamos pedirle al documento de autoanálisis del Fondo Monetario sobre el estallido argentino de 2001 que midiera los factores históricos y sobre todo los políticos en juego. En definitiva, se psicoanalizaron sólo los técnicos económicos del organismo.

Pero entre nosotros sabemos y debemos dejar en claro quiénes fueron los principales culpables del estallido, del default con quienes habían comprado nuestros bonos, de la situación financiera aún irresuelta, de quienes penosamente aquí y en el exterior perdieron parte considerable de sus ahorros. Sobre todo deben quedar testimonios para que lo sepan las futuras generaciones de argentinos -nuestros hijos, nietos, bisnietos y más aún-, porque ellos pagarán por décadas lo que hicimos y muchos impulsaron en estos años.

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