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8 de junio 2006 - 00:00

El candidato termina de partir al radicalismo

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El electroshock político que Raúl Alfonsín le aplicó al agonizante radicalismo pareceencontrar una única resistencia: Margarita Stolbizer. La secretaria general de la UCR es la última pieza del rompecabezas radical opositor que no apoya la candidatura presidencial de Roberto Lavagna en una eventual alianza con el ex duhaldismo opositor.

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Mientras que Alfonsín, el jefe de los diputados radicales Fernando Chironi y hasta el presidente del Comité Nacional, Roberto Iglesias, se muestran dispuestos a mandar a imprimir boletas de la UCR con el nombre de un candidato justicialista como el ex ministro de Economía, Stolbizer descree que ésa sea una solución estratégica para el centenario partido. «Lavagna puede ser la figura de una coalición política, pero del radicalismo nunca. Eso no significa que en la UCR no se debatan otras posibilidades. La de Lavagna no es la que yo comparto, pero acepto que es parte del partido», aseguró la blonda ex diputada. Tampoco comulgan con el proyecto « Lavagna 2007» los gobernadores radicales filokirchneristas. El mendocino Julio Cobos, el correntino Arturo Colombi y el santiagueño Gerardo Zamora son prácticamente irrecuperables para el radicalismo. Los dos últimos ya tienen frentes electorales sellados con el kirchnerismo. Sin embargo, en la UCR se ilusionan con poder recuperar al chaqueño Roy Nikisch, al catamarqueño Eduardo Brizuela del Moral y al rionegrino Miguel Saiz, en caso de que Néstor Kirchner apoye finalmente a candidatos oficialistas como Miguel Angel Pichetto (Río Negro) para la gobernación de esas provincias.

Hasta el momento, tanto Iglesias y Stolbizer sólo se habían referido a posibles alianzas con fuerzas de centroizquierda, como el ARI y el socialismo, pero ahora el jefe del partidos comenzó a dar señales de adhesión a Lavagna. El primer cortocircuito entre Stolbizer e Iglesias se había producido a fines de mayo, cuando la secretaria general de la UCR convocó a sus legisladores a la sede partidaria de la avenida Entre Ríos para pedirles que votaran en contra del diploma de diputado electo de Luis Abelardo Patti. En esa oportunidad, tanto Chironi como Pedro Azcoiti -encargado de escribir el dictamen radical junto al constitucionalista Ricardo Gil Lavedra- habían recomendado el ingreso del ex subcomisario de Escobar ante la inexistencia de una sentencia condenatoria en su contra por delitos de lesa humanidad: «Mal que nos pese, los derechos humanos son para todos», habían afirmado, manifestando su antipatía con el líder del Paufe, pero privilegiando el respeto de la Constitución nacional. Aunque Stolbizer insistió, junto con un grupo de diputados rebeldes encabezados por el chaqueño Angel Rozas, para que el bloque reconsiderara su posición, la mayoría de la bancada -incluyendo a Iglesias- votó a favor del ingreso de Patti en el recinto. Esta primera división en la cúpula del comité de la UCR fue el prólogo de la actual divergencia entre el Presidente y la secretaria general del radicalismo.

Stolbizer apuntó sus críticas a Alfonsín: «Nos instala hechos permanentemente, y la verdad es que hace tiempo debería haberse instalado como una figura de consulta, de reserva, en vez de salir a promover este tipo de cosas sin discusión hacia dentro del partido». Hasta se animó a ensayar una autocrítica al afirmar que «Alfonsín no ha conducido al radicalismo en los últimos años a los mejores lugares..., las decisiones equivocadas que se han tomado en los últimos 15 años, como las candidaturas de Massaccesi, de Moreau y, finalmente, aunque me toque en lo personal y preferiría no decirlo, la candidatura de Brandoni».

Ayer, en los pasillos del Congreso de la Nación la efervescencia radical era evidente. Todos los operadores de la UCR sacaban sus propias conclusiones sobre el nuevo escenario político definido por el ex presidente, quien pasó repentinamente del ostracismo al olimpo de los dioses radicales. Hasta intuían en la jugada alfonsinista una estrategia que no apunta en realidad a pelear por la presidencia. Más bien, especulaban que Alfonsín utilizaría el «anzuelo Lavagna» para repoblar en 2007 las legislaturas provinciales y el Congreso con nuevos y más diputados radicales. «Sin esta movida, en 2007 corremos el riesgo de quedarnos con un bloque de apenas 25 diputados», advertían ayer en Pasos Perdidos, con cierto pánico contenido, estrategas parlamentarios de la UCR.

Sin embargo, Stolbizer, sin tanto pragmatismo y más analítica, razona: «Hoy lo de Lavagna se plantea igual: es la solución mágica a nuestros problemas, que en vez de resolverlos internamente, encontramos mágicamente un candidato con una muy buena imagen, que por supuesto la tiene, pero los problemas del radicalismo no los resolvemos de esa manera». Continuará.

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