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Un agudo José María Aznar mencionó, durante el encuentro con hombres de prensa, "la necesidad de que la cultura no sea iniciativa sólo de la izquierda".
Llenó la Ciudad de sus frases certeras. «Todos critican a Bush, pero le piden que los salve.» «Para el gobernante es más cómodo ser simpático que responsable.» «Ninguna crisis justifica excepciones a la ley.» Las reprodujeron tres reportajes, uno de ellos con este diario.
«Hace 15 años que presido mi partido (Popular) y ocho de ellos en función de gobierno. Dije que me iba a ir luego de dos mandatos y me voy. Me dedicaré a escribir libros -comencé el segundo- y a dirigir la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, una importante usina de pensamiento que tiene mi agrupación. Hablé mucho con Mario Vargas Llosa y me propongo encarar un largo esfuerzo para que la cultura no sea iniciativa sólo de la izquierda», dice mientras encara la curiosa ceremonia de sacarse su anillo de casamiento y colocarlo frente al plato para almorzar.
Luego agrega: «Los españoles -y se lo hemos trasladado a vosotros, iberoamericanos- nunca admitimos que pudimos equivocarnos», acota por otro tema y de inmediato, sin darse cuenta, lo aplica sobre sí mismo, para confirmar el dicho.
No admite ningún error en haber atribuido inicialmente el terrible atentado islamista del 11 de marzo a la ETA. Informó así, personalmente, a los directores de los principales periódicos de España y se equivocó.
Pero también se apasiona y dice: «No en esta mesa, pero algún día diré quiénes mintieron. Dicen que yo sabía el jueves 11 de marzo a la mañana, ni bien ocurrió el atentado, que no era la ETA. Es mentira. El hallazgo en una furgoneta de una cinta de audio con versículos del Corán, junto con detonadores similares a los utilizados en los atentados, se conoció a las cinco de la tarde. Con traducción y todo, como presidente, conocí el contenido de las cintas a las ocho de la noche».
«Que me opuse a mi ministro del Interior, Angel Acebes, es otra mentira: yo me informaba por él», enfatiza.
El ex presidente español remarcó otros puntos:
• «También engañan cuando dicen que servicios secretos de otros países nos advirtieron. Ninguno lo hizo. Ninguno nos avisó nada. Que lo atribuyéramos inicialmente a ETA era lógico. Venía de descubrir la Guardia Civil un cargamento de 500 kilos de explosivos de ETA en diciembre de 2003, cuando en el de Atocha se usaron apenas 100. Además, les habíamos descubierto un plan de ataque en la estación ferroviaria de Chamartín (de Madrid).»
• «Además, uno tiene que guiarse por sus servicios secretos y éstos me dieron un dato clave: no había terroristas que hubieran inmolado sus vidas en este atentado y eso es típico de ETA, que nunca manda suicidas para matar.»
• «El atentado influyó en las elecciones que hasta ese momento ganábamos cómodos.»
• «Pero dejamos a la ETA desarticulada. Fíjese usted que el terrorismo vasco no ha provocado una muerte en más de un año, como no se daba desde 1970, cuando surgió.»
Aconseja cumplir con sus deudas a la Argentina. Dice que ello honra a un país. Pero también acepta que en esa mesa le digan que entre Estados Unidos, Europa y Japón se gastan más de 1.300 millones de dólares diarios - casi 300 mil millones por año- subsidiando sus propias producciones agropecuarias más ineficientes, e impidiendo vender así a países en desarrollo.
Es el llamado «Dejen que les vendamos para poder pagarles». «Defiendo la libertad de comercio, en eso tienen razón y algo hemos hecho», acota.
«La obligación de España era estar en Irak, donde nosotros fuimos, y no en Haití como hace el nuevo gobierno de Rodríguez Zapatero. Si uno quiere ir por el camino de entrada al club de los grandes, tiene que cumplir determinadas reglas, determinados compromisos», dice sobre su decisión de intervenir en el país árabe que hizo perder una elección a su partido, un tema que evidentemente lo obsesiona.
Vuelve recurrentemente. «Cuidado. No estábamos aún en el club de los grandes. Ibamos en camino.Veo a España con la vista hacia el Atlántico, desde Sudamérica hasta Estados Unidos. Para el otro lado es imposible. El de Estados Unidos es un pueblo capaz de entusiasmarse. El de España y Europa, no.»
Aclara que no habló últimamente con Carlos Menem, pero recuerda bien su inicio como presidente, cuando abrió la economía argentina y privatizó.
Retorna a Irak y al flagelo terrorista, y dice:
• «La ONU nunca dijo que no había armas químicas en Irak. Dijo que no pudo constatar que las había, que no es lo mismo. Y yo les aseguro que las había. Dónde las trasladó Saddam Hussein no lo sé. Pero la invasión se justificaba. Influyó en nuestra elección, vía el terrorismo, y perdimos, pero no nos resquebrajamos como partido como quería el socialismo.»
• «En la siguiente elección, la muy difícil del 13 de junio al Parlamento europeo, igualamos al PSOE en votación. Pensaban dividirnos y alentar una elección anticipada (el mandato de Zapatero vence en 2008), porque el PSOE necesita una ratificación por la forma en que ganó influido por el atentado terrorista. En mi gestión cumplí algo que nadie había hecho: ejercí dos períodos de cuatro años, en ninguno de los cuales adelanté las elecciones para aprovechar algún momento más favorable al gobierno.»
Dijo mucho más, pero gran parte está en su libro, que entregó en ese almuerzo. Un último concepto de gobernante experimentado para uso argentino: «No entiendo el dilema ilegalidad o represión. El dilema siempre es legalidad o ilegalidad, y la forma de preservar la primera. Ahora si usted manda, puede disponer cómo se hace, de qué forma. Pero legalidad siempre».




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