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20 de diciembre 2007 - 00:00

Ella en la Ciudad de los Niños

Ayer Cristina de Kirchner se sacó una curiosa foto rodeada de marionetas durante su visita a la Universidad Nacional de San Martín, en donde inauguró el nuevo campus. Quizá no sea ésta la imagen más acertada para una presidente que en este momento debe demostrar autonomía.

«Este nuevo estado en que Dios ha puesto a vuestra merced, sujetándola a las leyes del sancto matrimonio, aunque es como camino real, más abierto y menos trabajoso que otros, pero no carece de sus dificultades y malos pasos, y es camino adonde se tropieza también, y se peligra y yerra, y que tiene necesidad de guía como los demás; porque el servir al marido, y el gobernar la familia, y la crianza de los hijos, y la cuenta que juntamente con esto se debe al temor de Dios, y a la guarda y limpieza de la consciencia (todo lo cual pertenece al estado y oficio de la mujer casada), obras son que cada una por si pide mucho cuidado, y que todas ellas juntas no se pueden cumplir sin favor particular del cielo.» (Fray Luis de León, «La perfecta casada», 1573)

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Fray Luis de León dictaminó en su tratado «La perfectacasada» que las tareas que debe enfrentar una mujer cuando elige el estado matrimonial son imposibles de cumplir sin un favor particular del cielo. ¿Se lo recordó ayer Jorge Bergoglio a la nueva presidente? Cristina de Kirchner tenía dos años para mostrar que podía gobernar; entre su marido y la realidad, agotó las expectativas en dos semanas. El público que la apoyó presumía dos activos en ella: que tenía la personalidad, la entereza, el arte y la ciencia para resistir el cargo. También que podía mejorar las relaciones con el resto del mundo, aunque fuera en términos de estilo. La reaparición de Néstor Kirchner, que se sacó el saco para defender a su dama, echó por tierra esas dos presunciones.

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Esa salida del ex presidente -quebrando promesas y también las formas que obligan al que se fue a dejarle un tiempo al sucesor para afirmarse en la silla- la aparta de la escena y la descalifica para la función. Toda relación familiar tiene un rango irracional alto. El padre que dice confiar en su hijo, pero que no le presta el auto; el marido que dice tratar a la esposa como una reina, pero que le bloquea la tarjeta de crédito: los ejemplos de la otra cara del nepotismo son infinitos y los ha resumido Néstor al desairar a Cristina con más violencia que el peor adversario. Y le redobla el peso de la tarea a la Presidente en el tiempo que le queda de mandato.

Antes de asumir, tejió las mejores relaciones en Estados Unidos con los bastoneros de la relación con la Argentina; hasta sobreactuando en foros devaluados, como el Council of the Americas, a cuya gerenta Susan Segal halagó en tés privados en Olivos.

Segal llegó a reunir a grupos de empresarios argentinos, antes de asumir Cristina de Kirchner, para pedirle le hicieran llegar sus demandas porque ella había alcanzado una relación tan especial con la nueva presidente que podía influir con éxito en sus decisiones. «A estos gobiernos nuevos hay que acercarles ideas porque no tienen muchas, pero ideas realizables, que les permitan mostrar éxitos (cena en casa de Eduardo Elsztain con empresarios de la ONG Endeavor). También tejió con Tom Shannon -encargado de las relaciones con América latina- un futuro de amor y paz cuando éste se tomó la molestia de ir de Washington a Nueva York para reunirse y almorzar con ella en el Waldorf Astoria.

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El gobierno se resiste a decir lo que buena parte del público espera, que no es cierto que los u$s 800 mil iban a la campaña de Cristina de Kirchner. Estados Unidos nunca lo podrá probar tampoco tiene interés, tanto que no le ha iniciado causa alguna a Guido Antonini; seguramente, le cuesta también al gobierno encontrar testimonios para respaldar esa negativa, habida cuenta de la desprolijidad congénita del financiamiento de la política en la Argentina. El daño que produce haber elegido la incriminación de Antonini, como si nunca hubieraviajado en un vuelo oficialde ENARSA, es que bate el parche en donde no suena: lo que importa en Estados Unidos es que ha detectado a tres agentes de un servicio de espionaje venezolano actuandoen Miami. Lo demás es anecdótico. Por eso usan la figura del representante de país extranjero no declarado, sin entrar a delitos cometidos: es algo que equivale a meterlo preso a Al Capone por evasor y no por mafioso. Pero es lo que se les ha podido probar y es lo único que para EE.UU. tiene importancia política; captura espías, pone la trama venezolana sobre el escenario de la Florida, en donde la comunidad de emigrados políticos de ese país tiene creciente importancia política. O sea votos. ¿Que se parece a una película, se queja la Presidente? En Estados Unidos todo se parece a las películas.

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Va a durarle poco el argumento al gobierno argentino de pedir que Antonini venga al país y les explique lo que hizo a los jueces criollos, que tramitan las causas vigiladas por Carlos Kunkel y Diana Conti, martillos de magistrados réprobos (para el gobierno), con el riesgo de terminar en la celda de Etchecolatz en Marcos Paz. ¿Se presentaría Alberto Fernández si lo reclamase -ni Dios permita- la Justicia de Nigeria?

Mal si el gobierno desvía el foco del asunto; peor si lo hace por desinformación, porque sería la muestra de que Cristina de Kirchner está pagando el costo de no haber ejercido nunca un cargo ejecutivo, experiencia que comparte con los también debutantes en esa función que son Mauricio Macri y Daniel Scioli.

Es cierto que la fuerza de la respuesta obliga a los Estados Unidos a algún gesto amistoso que le permita recuperar la amistad con la Argentina, que con Néstor Kirchner estuvo entre los mejores amigos de la región. Aunque fuera para aplacar el enojo en el trato, algo que es más importante en países en donde no se emplea el doble discurso y quien escucha cree lo que el otro dice de manera casi literal (por eso se sanciona con tanta fuerza la mentira, para la cual no hay Dios que perdone, como entre los católicos).

¿Bastará eso para que Estados Unidos cambie la idea que esta rabieta de Buenos Aires les ha dejado de los Kirchner? Ayer el Senado votó el acuerdo para el nuevo embajador en Washington, Héctor Timerman, cuyo plácet depende de un examen de antecedentes que no dejará pasar lo que este ex cónsul ha dicho en las últimas horas sobre el gobierno Bush. El juez de la causa en Miami, William Turnoff, es quien «atiende» los juzgados de la Florida al ex dictador panameño Manuel Noriega. Es decir, no repara en ningún Kunkel si tiene que poner a un presidente el mono anaranjado de preso. Tampoco se fijan en fueros en Washington para negarle a un presidente la visa, como ocurrió con el colombiano Ernesto Samper en 1996.

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El novelista John Dos Passos cuenta en sus memorias («Años inolvidables») las tertulias de juventud con Ernest Hemingway en París, adonde éste concurría con sus hijos. «Nunca un hombre es respetable cuando está con sus hijos.» Kirchner debió saber -o lo hace por inquina de marido al fin- que merodear los estrados de la Presidente es el peor favor que podía hacerle. Tampoco una esposa gana mucho respeto si el respondón le hace la vida imposible en público. Qué ironía: Kirchner evitó que el país creyera que era un «Chirolita» de Duhalde, pero parece estar haciendo todo para convertir en su «Chirolita» a Cristina.

Mientras él da discursos, envía a su esposa a un acto universitario en San Martín, donde ella no tiene peor idea que fotografiarseen el teatro de marionetas.Es decir, de «Chirolitas». Confirma que está en el cargo porque él la puso y no porque era «un cuadro político». También que el poder lo tiene él, pero ahora sin cargo, sin fueros, sin necesidad de responder por los gastos que le produzca al Estado, pero dictando órdenes, transmitiendo fotografías y videos a través de los servicios oficiales de propaganda. Es decir, en una asociación que le puede crear responsabilidades más serias. El fallo de la Corte que libró a Carlos Menem de un tramo de la causa armas afirmaba que un gabinete no se armaba para hacer una asociación ilícita. Estar en una asociación sin cargo público puede crearle alguna responsabilidad, la misma que arriesgaron funcionarios que actuaron en la sombras con gobiernos anteriores (Chiche Duhalde como coordinadora de políticas sociales de su esposo, Hugo Toledo como ministro de obras públicas sin carteras de Eduardo Duhalde).

En sistemas más orgánicos que el argentino, como el de los Estados Unidos, un ex presidente tiene un veto no escrito para actuar y opinar sobre la gestión de sus sucesores. Incluso existe una prohibición tácita, que los ex mandatarios respetan, de no fijar residencia en la ciudad de Washington. Es una forma de respeto, pero también de proteger al presidente del menoscabo que puede ejercer un ex presidente que ha estado en la misma silla y ante los mismos problemas. Kirchner no sólo ejerció derechos a decidir la sucesión; no se fue de la residencia oficial, pero tampoco de las tribunas, de las fotos, de las decisiones. Y con eso sólo logra confirmar la tradición del marido perfecto, ese enemigo del alma que describió en una fábula conyugal el olvidado Eduardo Mallea.

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