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6 de febrero 2007 - 00:00

En Colón, patota "liberó" puente

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El corte de Colón ya era endeble y ayer terminó desintegrándose cuando un grupo de empleados de una estación de servicio liberó por la fuerza la barricada montada por los asambleístas ante la mirada impávida de un grupo de gendarmes que custodia la zona. Fue el de esta ciudad el segundo hecho de agresión que se registró en una jornada signada por la intemperancia; el otro episodio fue en Montevideo, donde resultaron agredidos siete ambientalistas argentinos (ver vinculada).

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No era, sin embargo, la primera vez que el bloqueo de Colón terminaba desmadrado por la violenta acción de comerciantes de la zona. En rigor, en abril del año pasado, en idéntico escenario de cortes, el mismo empresario incendió los elementos que los vecinos habían montado en la ruta que comunica esta ciudad con Paysandú en solidaridad con sus pares de Gualeguaychú. Ayer, la escena se repitió y sumó tensión a un conflicto que por el momento no encuentra solución.

La coordinadora de la Asamblea Popular Ambiental Ruta 135, Silvia Echevarría, contó que la agresión se inició con la llegada de un auto «con patente uruguaya», seguido por una camioneta al mando del hijo del dueño de la misma estación de servicio que el año pasado provocó el incidente.

«En la caja de la camioneta venían 13 o 14 personas que llevaban bidones con gasoil, botellas con combustible y elementos para cortar alambre y machetes, con los que empezaron a desarmar parte de la barricada. Luego amontonaron las tablas de madera y algunos toldos y los prendieron fuego», contó.

No fue lo único: también corrieron el acoplado que estaba en la mitad de la ruta y amenazaron con quemar la carpa principal ubicada a la vera del camino desde hace más de un año mientras repetían frases amenazantes.

  • Análisis

    Como consecuencia de estos incidentes -que no incluyeron agresiones físicas a los asambleístas- el corte se levantó totalmente primero, y ahora ocupa sólo media calzada mientras los manifestantes se reorganizan y estudian si reponen la barricada por seis horas como venían haciéndolo hasta la semana pasada que decidieron mantenerlo por tiempo indeterminado.

    Victoria Bouvet, encargada del comercio que aseguró verse seriamente afectado por la caída en las ventas, destacó que «fue un grupo de empleados y no una patota, y jamás se agredió a nadie».

    De todos modos subrayó que también «rechazan la instalación de Botnia», pero les pidió a los asambleístas que los «dejen trabajar en paz», dijo.

    El malestar tiene su razón de ser. Esa estación de servicio está ubicada del lado argentino a metros del acceso al puente General Artigas y la mayor parte de los clientes son uruguayos que cruzan el río a diario para aprovechar el precio de los combustibles, que para los orientales es sustancialmente conveniente.
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