• En parte se deben a que recibió el país con la peor crisis en 100 años. Peor que Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde, que tenían la chance de defaultear y no pagarle a nadie. Aunque no está encaminando bien el tema externo es cierto que no tiene, como aquéllos, la posibilidad de empeorar las cosas y que otro se responsabilice.
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• Surgido de una provincia muy chica, con riqueza petrolera que le dio solvencia económico-financiera y siendo él tan desconfiado en lo personal, le restó inteligencia a su gobierno exagerando la provisión de hombres desde Santa Cruz. Por lo mismo debió mantener a un ministro como Roberto Lavagna, cuya mayor especialidad es postergar problemas y que está mal considerado en el exterior, desde donde le han denunciado y probado que ha mentido muchas veces.
• Estuvo mal y soberbio con empresarios europeos, pero es cierto que la presentación con humildad habría sido fatal para un presidente que asume enfrentando a acreedores de una deuda pública de 190.000 millones de dólares y que tiene los bolsillos vacíos para saldarla. Si en esto hubo errores, como en el tenis, «fueron forzados». Eso sí: estuvo mal al ufanarse de haber sacado la plata fuera del país, burlándose de los inversores extranjeros que la dejaron.
• También maltrató a empresarios locales, pero es cierto que éstos siempre le hicieron la agenda a presidentes demasiado propicios a halagarlos. Se ha establecido otra relación.
• Que se ilusione con crear un movimiento superador del peronismo y de tipo izquierda avanzada no es bueno. Las incoherencias del peronismo no se superan haciéndolo de izquierda. Es un error de proyección y un riesgo de dictadura. Pero es cierto que Menem para un lado y Duhalde para el otro; Alfonsín para el lado de Duhalde y De la Rúa para el lado de Menem, desdibujaron los partidos demasiado drásticamente, tentando al que, como Kirchner, llegó último. Es un error, porque ni él logra aglutinar a la izquierda, dentro de la idiosincrasia propicia a la diáspora de los países emergentes y latinos.
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