Hugo Moyano no logra salir del ojo público. Al crimen de su tesorero, Abel Beroiz, se le sumaron la semana pasada tres episodios violentos que, directa o indirectamente, lo vinculan y parecen, al memos a simple vista, reflejo de una cruda interna gremial.
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El pasado viernes, dos sindicalistas de Rosario, dirigentes de un gremio en conflicto con el de Camioneros que comanda Moyano, denunciaron haber sido baleados por militantes vinculados al moyanismo. La Justicia investiga esa pista y tiene indicios serios.
El nivel de confrontación acrecentó la distancia entre Moyano y la Casa Rosada, que se comenzó a ampliar en los últimos días luego de una reunión privada entre el jefe de la CGT y la presidente Cristina de Kirchner, y se agrandó cuando Moyano advirtió que se podría poner «enfrente» del gobierno cristinista.
A esas declaraciones se les agregaron, además, los tres hechosregistrados entre el lunes y el viernes pasados, cuando fueron atacados a balazos un sindicalista del gremio de Aguas Gaseosas en Parque Chas y dos del Sindicato de Obreros de Recolección de Basura de Rosario.
Conflictos
Esos dos gremios mantienen conflictos con Camioneros por el encuadramiento sindical, tema que decide finalmente siempre Carlos Tomada, ministro de Trabajo. Es decir: pujan por la incorporación de afiliados y en el último tiempo ha sido Moyano quien amplió su número de asociados nutriéndose de trabajadores que estaban adheridos a otros sindicatos.
En ese marco, el titular del Sindicato de Obreros de Recolección, Humberto Díaz, responsabilizó a Moyano por los duros enfrentamientos que mantienen los recolectores de Rosario por el encuadramiento gremial.
«Hace dos años que ( Moyano) me está presionando con todo el poder que él tiene respecto de mí que soy un piojo, porque quiere sacarme a la gente», advirtió el dirigente. «Todas estas cosas que están pasando son responsabilidad de él», se despachó Díaz.
El viernes, el auto de un dirigente del sindicato de recolectores enfrentado al de Díaz fue baleado por desconocidos, aunque sus ocupantes, Carlos Albornoz -secretario gremial- y tres compañeros, salieron ilesos.
Paralelamente, Díaz denunció públicamente que su compañero Ignacio Céspedes había sido baleado momentos antes de ese episodio.
Estos violentos incidentes se produjeron dos semanas después del asesinato del tesorero del Sindicato de Camioneros, Abel Beroiz, en Rosario.
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