24 de enero 2006 - 00:00

Evo Morales nombró su gabinete. Surgen dudas

Si Evo Morales siempre lo entusiasmó poco a Néstor Kirchner (como cualquier dirigente capaz de ponerse a su izquierda) sus últimas decisiones terminaron de decepcionarlo. El nuevo presidente de Bolivia designó ayer como ministro de Energía a un periodista, Andrés Soliz Rada, que se cansó de escribir que «Kirchner es el vocero de las petroleras multinacionales» para esquilmar a Bolivia. Este ministro se reconoce discípulo de Abelardo Ramos, aquel nacionalista de izquierda que terminó sus días abrazado a Carlos Menem. Pero tal vez no sea éste el derrotero de Soliz Rada. Ayer habló de que fijará el precio internacional del gas para la región, una pretensión algo ilusoria. Ese precio está determinado por un contrato con Petrobras para la provisión de la industria de San Pablo. A su vez ese convenio puso al fueloil como combustible de referencia. Si los brasileños resolvieran prescindir del gas boliviano y pasar a consumir fueloil, la revolución de Morales quedaría inconclusa antes de comenzar. El piquetero Luis D'Elía, autocrítico, le explicó a su futuro jefe Julio De Vido lo que vio entre sus camaradas bolivianos cuando viajó a La Paz para la asunción de Morales: «Es como un gobierno armado por mí».

Evo Morales saluda a sus ministros durante la jura del nuevo gabinete. Los más visibles en la foto, de  izquierda a derecha, son Andrés Soliz Rada (Hidrocarburos), Walter Villarroel (Minería) y Casimira Rodríguez (Justicia).
Evo Morales saluda a sus ministros durante la jura del nuevo gabinete. Los más visibles en la foto, de izquierda a derecha, son Andrés Soliz Rada (Hidrocarburos), Walter Villarroel (Minería) y Casimira Rodríguez (Justicia).
No fue un regreso tranquilo el de Néstor Kirchner, desde La Paz, donde asistió a la asunción presidencial de Evo Morales. Y no por razones de salud, a pesar de que su médico Luis Bonomo había tratado de disuadirlo de viajar por los efectos del apunamiento. El malestar de Kirchner fue político. Luis D'Elía, su amigo piquetero, se lo había advertido a Julio De Vido, cuando el ministro le encomendó «espiar» el clima en el que se iba configurando el gabinete boliviano: «Es como si a mí me pidieran que con la Federación de Tierra y Vivienda armara un gobierno», alertó el futuro subsecretario de «hábitat social».

De Vido le transmitió el dictamen de D'Elía a Kirchner quien, por lo que comentó en el vuelo de vuelta, ratificó la impresión. «Insultó varias veces a la oposición en el discurso de inauguración y enfrente no tiene gente tranquila», reflexionó el Presidente, convertido de golpe en un pacifista verbal. Efectos de la Puna, como preveía Bonomo.

Ayer en el gobierno creyeron ver las confirmaciones de lo que en Bolivia habían sido impresiones iniciales, casi estéticas. Morales designó un gabinete con personal reclutado entre organizaciones sociales de corte indigenista.

Para la cartera de Hidrocarburos eligió a un periodista, Andrés Soliz Rada. Se lo podría comparar con Raúl Alfonsín en 1987, cuando nominó a Rodolfo Terragno ministro de Obras Públicas. Pero es distinto.

• Insultante

Para Kirchner la designación fue casi insultante. Este Soliz Rada escribió en diciembre de 2004: «Desde luego que es más fácil describir las utopías que realizarlas. Y lo anterior pasa, para Bolivia, porque el presidente Kirchner deje de ser un vocero de la española Repsol para succionar el gas boliviano en las peores condiciones imaginables». El 16 de octubre pasado, en un reportaje publicado por « Página/12», el colega de De Vido insistió: «El anillo energético sudamericano es un acuerdo hecho por las petroleras. Yo lo veo al presidente Kirchner presionando muy fuerte a favor del anillo energético. Pero lo impiden los movimientos sociales quechuas, aimaras, el MAS, Evo Morales, que con sus movilizaciones derrocaron a dos presidentes y a un tercero le impidieron que asumiera».

Kirchner, que si algo odia es que lo «corran por izquierda», no aprecia este retrato. Por más que Soliz Rada haya adoptado posiciones retóricas más amigables en los últimos días, tal como prescribe aquel «teorema de Baglini» según el cual la propensión a la intransigencia es inversamente proporcional a la cercanía del poder.

Desde esa plataforma conceptual que identifica al Presidente con las multinacionales del petróleo, Soliz Rada salió ayer a anunciar una cantidad de intervenciones del Estado sobre el mercado de los hidrocarburos.

Error técnico

En primer lugar, el ministro-periodista anunció que investigará las reservas inscriptas en bolsas de valores internacionales por las empresas multinacionales como Repsol, que explotan el gas boliviano, ya que el gas que se atribuyen es propiedad del país. Como presumía D'Elía, el colega de De Vido incurre en un error técnico: las empresas de petróleo y gas de todo el mundo informan sobre las reservas a las que tienen acceso -no por propiedad sino por contratos temporarios de concesión- porque sólo si ese dato figura en sus balances son susceptibles de captar dinero del público.

El otro anuncio de Soliz Rada que llamaba la atención ayer entre los especialistas en el mercado de los hidrocarburos es la amenaza de una suba importante en el precio del gas que Bolivia exporta. Más precisamente, el nuevo ministro de Morales se refiere al monto que Repsol-Bolivia le fija a Repsol-Argentina. Ese valor está fijado, en rigor, por el contrato que rige las exportaciones a Brasil. Es decir, lo que paga Petrobras por el gas. A su vez, ese precio obedece a una fórmula polinómica que tiene como principal factor el precio del fueloil en Rotterdam, el Golfo de México y el Medite
rráneo. Es decir: los industriales de San Pablo, principales consumidores del gas boliviano, se garantizaron que ese insumo no se escape respecto de lo que les costaría generar energía a partir de ese otro combustible (como hace la Argentina importando fueloil de Venezuela para compensar la escasez de gas). Soliz Rada y Morales se quejaron en las últimas horas de que el precio del petróleo subió exageradamente mientras que el del gas boliviano se mantuvo bajo. Es cierto, dicen los técnicos, pero objetan: «El argumento ignora la adopción del fueloil como producto de referencia y el dato de que ese combustible se produce destilando petróleos muy pesados, cuyo preciono se disparó de manera alocada». Por eso el precio del gas que importa Brasil se situó, para el primer trimestre de este año, en u$s 3,40 el millón de metros cúbicos.

En definitiva, no será tan fácil para el gobierno boliviano producir un aumento exorbitante del gas que las empresas con sede en Bolivia les venden a las que tienen sede en la Argentina. Esos contratos están ligados a los de Brasil. Ese país consume casi todo el gas que Bolivia está hoy en condiciones de producir: 25 millones de metros cúbicos por día. La Argentina importa 5 millones de metros cúbicos diarios y el mercado interno boliviano se lleva otros 5 millones. Para ampliar esa oferta y volver disponibles las reservas que se han detectadoen Bolivia se requerirían,según los cálculos técnicos,u$s 2.000 millones. Aquí aparecen las limitaciones más severas que encuentra en su camino Soliz Rada. Por un lado, si en San Pablo decidieran suspender la compra de gas boliviano la crisis del gobierno de Morales sería terminal. Por otro, si Bolivia se resolviera a explotar los yacimientos descubiertos requerirá de las empresas a las que hostiga, ya que ni siquiera Hugo Chávez cuenta -al parecer- con los técnicos que requiere esa operación.

Tal vez D'Elía tenga razón y lo que comenzó a gobernar Bolivia sea una especie de Federación de Tierra y Vivienda.

C.P.

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