Evo Morales nombró su gabinete. Surgen dudas
Si Evo Morales siempre lo entusiasmó poco a Néstor Kirchner (como cualquier dirigente capaz de ponerse a su izquierda) sus últimas decisiones terminaron de decepcionarlo. El nuevo presidente de Bolivia designó ayer como ministro de Energía a un periodista, Andrés Soliz Rada, que se cansó de escribir que «Kirchner es el vocero de las petroleras multinacionales» para esquilmar a Bolivia. Este ministro se reconoce discípulo de Abelardo Ramos, aquel nacionalista de izquierda que terminó sus días abrazado a Carlos Menem. Pero tal vez no sea éste el derrotero de Soliz Rada. Ayer habló de que fijará el precio internacional del gas para la región, una pretensión algo ilusoria. Ese precio está determinado por un contrato con Petrobras para la provisión de la industria de San Pablo. A su vez ese convenio puso al fueloil como combustible de referencia. Si los brasileños resolvieran prescindir del gas boliviano y pasar a consumir fueloil, la revolución de Morales quedaría inconclusa antes de comenzar. El piquetero Luis D'Elía, autocrítico, le explicó a su futuro jefe Julio De Vido lo que vio entre sus camaradas bolivianos cuando viajó a La Paz para la asunción de Morales: «Es como un gobierno armado por mí».
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Evo Morales saluda a sus ministros durante la jura del nuevo gabinete. Los más visibles en la foto, de izquierda a derecha, son Andrés Soliz Rada (Hidrocarburos), Walter Villarroel (Minería) y Casimira Rodríguez (Justicia).
Kirchner, que si algo odia es que lo «corran por izquierda», no aprecia este retrato. Por más que Soliz Rada haya adoptado posiciones retóricas más amigables en los últimos días, tal como prescribe aquel «teorema de Baglini» según el cual la propensión a la intransigencia es inversamente proporcional a la cercanía del poder.
Desde esa plataforma conceptual que identifica al Presidente con las multinacionales del petróleo, Soliz Rada salió ayer a anunciar una cantidad de intervenciones del Estado sobre el mercado de los hidrocarburos.
• Error técnico
En primer lugar, el ministro-periodista anunció que investigará las reservas inscriptas en bolsas de valores internacionales por las empresas multinacionales como Repsol, que explotan el gas boliviano, ya que el gas que se atribuyen es propiedad del país. Como presumía D'Elía, el colega de De Vido incurre en un error técnico: las empresas de petróleo y gas de todo el mundo informan sobre las reservas a las que tienen acceso -no por propiedad sino por contratos temporarios de concesión- porque sólo si ese dato figura en sus balances son susceptibles de captar dinero del público.
El otro anuncio de Soliz Rada que llamaba la atención ayer entre los especialistas en el mercado de los hidrocarburos es la amenaza de una suba importante en el precio del gas que Bolivia exporta. Más precisamente, el nuevo ministro de Morales se refiere al monto que Repsol-Bolivia le fija a Repsol-Argentina. Ese valor está fijado, en rigor, por el contrato que rige las exportaciones a Brasil. Es decir, lo que paga Petrobras por el gas. A su vez, ese precio obedece a una fórmula polinómica que tiene como principal factor el precio del fueloil en Rotterdam, el Golfo de México y el Mediterráneo. Es decir: los industriales de San Pablo, principales consumidores del gas boliviano, se garantizaron que ese insumo no se escape respecto de lo que les costaría generar energía a partir de ese otro combustible (como hace la Argentina importando fueloil de Venezuela para compensar la escasez de gas). Soliz Rada y Morales se quejaron en las últimas horas de que el precio del petróleo subió exageradamente mientras que el del gas boliviano se mantuvo bajo. Es cierto, dicen los técnicos, pero objetan: «El argumento ignora la adopción del fueloil como producto de referencia y el dato de que ese combustible se produce destilando petróleos muy pesados, cuyo preciono se disparó de manera alocada». Por eso el precio del gas que importa Brasil se situó, para el primer trimestre de este año, en u$s 3,40 el millón de metros cúbicos.
En definitiva, no será tan fácil para el gobierno boliviano producir un aumento exorbitante del gas que las empresas con sede en Bolivia les venden a las que tienen sede en la Argentina. Esos contratos están ligados a los de Brasil. Ese país consume casi todo el gas que Bolivia está hoy en condiciones de producir: 25 millones de metros cúbicos por día. La Argentina importa 5 millones de metros cúbicos diarios y el mercado interno boliviano se lleva otros 5 millones. Para ampliar esa oferta y volver disponibles las reservas que se han detectadoen Bolivia se requerirían,según los cálculos técnicos,u$s 2.000 millones. Aquí aparecen las limitaciones más severas que encuentra en su camino Soliz Rada. Por un lado, si en San Pablo decidieran suspender la compra de gas boliviano la crisis del gobierno de Morales sería terminal. Por otro, si Bolivia se resolviera a explotar los yacimientos descubiertos requerirá de las empresas a las que hostiga, ya que ni siquiera Hugo Chávez cuenta -al parecer- con los técnicos que requiere esa operación.
Tal vez D'Elía tenga razón y lo que comenzó a gobernar Bolivia sea una especie de Federación de Tierra y Vivienda.
C.P.




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