9 de septiembre 2003 - 00:00

Final de campaña abrazado a Kirchner

Con actos oficiales y la compañía de Néstor Kirchner, Aníbal Ibarra culminará su campaña hacia la segunda vuelta electoral porteña del domingo que viene, en la que se definirá si renueva su mandato o le cede el sillón a Mauricio Macri.

El equipo ibarrista en materia de proselitismo planificaba anoche un acto «importante» para mañana junto al Presidente, lo que consistiría en la última foto, previa al cuarto oscuro, de los dos mandatarios juntos, relegando a un papel de reparto a Elisa Carrió -la otra socia política de Ibarra- Con esa idea, de una presentación para mañana, se justificaba que ayer Kirchner no estuviera en un acto en el microestadio San Lorenzo, en el barrio de Almagro de la Capital Federal, junto a Ibarra, como había sido anunciado.

«No fue porque estará en algo más especial el miércoles»,
explicaban los ingenieros de campaña oficial acerca del mandatario, como una reserva del último tramo, como una estrella de cuya presencia no querrían abusar.

En San Lorenzo, Ibarra en cambio se presentó junto a la hermana del primer mandatario, la ministro de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, al presentar un plan para «crear más de 50 mil puestos de trabajo genuinos en la ciudad».

Por la mañana, sin embargo, Ibarra estuvo junto al Presidente en la Casa de Gobierno en otro acto de gestión, el lanzamiento del programa de Asistencia Crediticia para Operaciones de Corto Plazo, donde Kirchner instó al sector financiero a ser partícipe de la consolidación de la reactivación que experimenta la economía.

Kirchner
presidió ese acto acompañado por Julio de Vido, la titular del Banco Nación, Felisa Miceli y el presidente del Ciudad, Roberto Feletti, de quien ya se dice que sería el próximo secretario de Hacienda de la Capital Federal en caso de que Ibarra renovara su mandato, mientras que la actual titular del área, Marta Albamonte sería propuesta para ocupar la silla del banquero en la entidad estatal.

• Alardeo

El jefe de Gobierno en esas oportunidades aprovechó para alardear sobre la baja de desocupación en el distrito -5% dijo- y siguió camino a una reunión con los empresarios que le sirvió de base para castigar a su rival del 14 de setiembre. Ibarra le pidió que «no se victimice», pero luego criticó la actitud del rector de la Universidad de Quilmes, Julio Villar, de echar a un funcionario por trabajar con Macri. (Ver nota en pág. 11).

Lo cierto es que el ibarrismo se concentra ahora en apelar a lo que sus estrategas llaman el «criterio de confianza». Eso implica desplegar gestos para trasmitir que
gobernará cuatro años más la Capital Federal. Algo así como decir «ya gané».

Esa sensación, que alienta la tropa propia y los aliados del kirchnerismo porteño, también ha provocado que no esté en la agenda de los próximos dos días de campaña, previos a la veda política,
Elisa Carrió. Creen que lo que resta será un acto importante con Kirchner y no hay certeza de uno de fin de campaña al estilo Luna Park como ofreció Fuerza Porteña -la nueva alianza de Ibarra- para terminar el proselitismo de la primera ronda del 24 de agosto pasado.

En la grilla de escenarios para la captura de votos, aún el ibarrismo -más concentrado en cómo fiscalizará el comiciono contaría con la chaqueña, quien ayer permanecía en Santa Fe visando el escrutinio en el que el candidato socialista Hermes Binner perdió la gobernación tras el triunfo de
Jorge Obeid.

Tampoco la gente del ARI de
Carrió, está atenta al último tramo que definirá la suerte de Aníbal Ibarra.

El jefe porteño se sustenta en estas horas exclusivamente en su propia gestión con programa variado de la mañana a la tarde reforzando la amalgama con el gobierno nacional que cree le terminaría de proveer los votos que requiere para vencer
Macri.

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