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15 de septiembre 2003 - 00:00

Ganan los aparatos, aun en la Capital

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El traspié de Macri abre la incógnita sobre el futuro de una carrera política que se inició con una derrota. Alivia también a la clase política peronista, atemorizada por el desembarco de un dirigente desafiante por el poder económico con el que cuenta y por la proyección de su popularidad como dirigente futbolístico.

¿Qué significa, en el orden de las individualidades, el triunfo de Ibarra? ¿Es el primer «kirchnerista» puro, ajeno al PJ (algo parecido a lo que fueron los Alsogaray para Carlos Menem)? ¿Cambiará su estilo de gestión o dejará comprometido al gobierno nacional con una administración que hasta ahora careció de encanto?

La provincia de Buenos Aires consagró la apoteosis de Duhalde, quien consiguió imponerse muy ampliamente en el distrito que alguna vez perdió frente a Graciela Fernández Meijide con Chiche como candidata a diputada. Con la victoria de ayer, ocupará 18 bancas de las 15 que renueva el peronismo. ¿Y las quejas por la marginalidad social? ¿Y la ola de inseguridad, con su consiguiente psicosis colectiva? Esos problemas siguen vigentes, pero el electorado parece confiar su resolución a los conocidos. Titulares de una maquinaria electoral temible, los Duhalde volvieron a demostrar que no hay buen candidato posible que los pueda enfrentar si no cuenta, además, con un aparato muy bien montado.

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