Cristina de Kirchner arbitró a favor de Graciela Ocaña y de Hugo Moyano en la pelea que éstos mantenían con el albertista residual Héctor Capaccioli, que renunció ayer a uno de los cargos clave del gobierno, la Superintendencia de Servicios de Salud, órgano que administra los fondos para las obras sociales. En su lugar será designado el abogado moyanista Juan Rinaldi, ex socio en el estudio del diputado Héctor Recalde, principal ideólogo de Hugo Moyano, que estaba ya en otra oficina de reparto. El golpe lo sufre Alberto Fernández, valedor de Capaccioli, de parte de quienes buscan recortar su peso en el PJ de la Capital. Pero el renunciante es víctima de una de las tramas más oscuras de la política: recaudó fondos de campaña para Cristina de Kirchner en 2007, cuestionados por una sobredosis de aportes de empresas de salud.
Cristina de Kirchner concretó ayer una movida de su staff, dándole de baja al superintendente de Salud, Héctor Capaccioli, un funcionario sindicado como el responsable de la recolección de aportes para la campaña presidencial, actividad que investiga la Justicia. Por la mañana, Sergio Massa le solicitó la renuncia, concretando un desplazamiento esperado en la interna del kirchnerismo, que fortalece a Graciela Ocaña, titular del Ministerio de Salud en cuya órbita se encuentra la Superintendencia y que hace meses no se hablaba con Capaccioli. Otro beneficiario del movimiento resulta ahora Hugo Moyano, que cubrirá con un hombre propio la silla vacía. Pero, además, la decisión pega en el corazón de Alberto Fernández, a quien su propia tropa lo considera hoy «en el exilio» por la gira europea que protagoniza con algunos recreos para dar opiniones ante las radios argentinas. Por horas la decisión de Cristina de Kirchner pareció una purga directa a la gente de su ex jefe de Gabinete, porque la noche anterior, Sergio Massa le pidió el cargo de subsecretario de política parlamentaria a otro albertista, Claudio Ferreño, un ex legislador que tras su mandato vencido recaló en la Jefatura de Gabinete. Aseguran que el propio Alberto Fernández, en Londres, recibió la queja y que el albertismo se movilizó por la intervención de Néstor Kirchner para frenara los desplazamientos. Desde el gobierno, mientras tanto, aseguraban que «Capa» renunciaba por su cuenta y que Ferreño «pidió otro cargo».
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Lo cierto es que el ex legislador no quiere moverse de donde está y que ayer al anochecer concilió su voluntad con Massa, lo que hizo disipar que se iniciara una racia contra los nostálgicos albertistas -por ahora-, que incluiría a otros funcionarios como Romina Picolotti y la subsecretaria de Justicia, Marcela Losardo. Massa quería el puesto de Ferreño para un ex senador provincial y sumar así gente propia a su oficina. Por ahora frenó la idea, ya que el desplazamiento de ese funcionario junto con el de Capaccioli casi ponían en evidencia que Alberto Fernández se quedaría en el exilio kirchnerista por tiempo indeterminado durmiendo junto a sus ilusiones de candidato.
Ahora la tropa espera el regreso, el lunes próximo, del ex jefe de gabinete para aún ver las posibilidades de que Néstor Kirchner lo ponga en funciones políticas y desactive lo que piensan es una estocada provocada por los grupos del peronismo que apuestan a un oficialismo porteño en el que comulguen aquellos que han sido relegados por Fernández y que la lista 2009 de diputados locales lo tenga a Jorge Telerman en primer lugar.
Estímulo
El sindicalista porteño Víctor Santa María fue recibido la semana pasada en Olivos por el ex presidente, quien lo estimuló a que desarrolle una agenda que sume a propios y aliados. Esta semana, el gremialista organizó un acto de festejo de los 25 años de la democracia que contó con la presencia del matrimonio presidencial y se vio como una señal de los Kirchner más favorable hacia quienes sostienen que Alberto Fernández debería renunciar a la presidencia del PJ.
Es más, se especulaba anoche con la posibilidad de reubicar a Capaccioli, quien ya había resistido el desembarco, en la Superintendencia, de tres personas designadas a propuesta de Ocaña en cargos clave. Ahora será reemplazado por Juan Rinaldi, abogado del gremio de Moyano que hasta ayer se desempeñaba como titular de la APE (Administración de Prestaciones Especiales).
Así como la Superintendencia, la APE es un organismo también descentralizado dentro del Ministerio de Salud. Mientras que las oficinas que conducirá Rinaldi se ocupan de monitorear a las obras sociales, la que deja dispone de un Fondo Solidario de Redistribución que distribuye a las prestadoras sindicales para cubrir patologías de baja incidencia y alto impacto económico, así como otras de largo tratamiento.
La puja entre Capaccioli y Ocaña fueron finalmente los motivos a los que aludió Massa para pedirle la renuncia al ahora ex funcionario, quien le llevó por la tarde la dimisión.
La semana pasada, Ocaña llegó a decir que requería «transparentar» la Superintendencia y «terminar con los quioscos». El conflicto entre la ministra y el saliente funcionario se agravó tras el asesinato de Sebastián Forza que reveló que la drogería a su nombre había sido clausurada por el ministerio y denunciada por presunta venta de medicamentos robados o adulterados y también que el fallecido había aportado dinero para la campaña del kirchnerismo, aun con una seria situación económica.
Si bien Capaccioli no fue el tesorero formal de la recaudación para la candidatura Kirchner-Cobos, se lo vincula a la administración de esos fondos, cuya contabilidad ya fue enviada a la Justicia, que investiga el tema.
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