El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Si no le cabe a Kirchner aquello de «quien quiera oír que oiga», igual ya está enterado de que en noviembre se reunirá el Congreso del Partido Justicialista, hecho no menor ni casual, convocado por su actual titular, Eduardo Camaño, también a cargo de la Cámara de Diputados. Otro dato clave: nunca Camaño provocaría esa invitación sin consultar a Eduardo Duhalde, su referente en la provincia de Buenos Aires, aunque disponga de diálogo privilegiado con la Casa Rosada. Para ese encuentro, entonces, no sólo Duhalde estará presente; también, la mayoría de los caudillos provinciales, ya desligados de los compromisos electorales, asentados en sus feudos e interesados en participar como justicialistas en la gestión nacional. Para ese momento estará en claro, además, el área de influencia de cada dirigente (léase, ¿hasta dónde llega el poder territorial de Kirchner?). La fecha coincide con el anticipo de lo que muchos creen que será un cambio en la administración: se supone que hacia el 10 de diciembre, cuando se inicie el mandato constitucional que le corresponde, Kirchner habrá de recomponer sus ministerios. Idea o símbolo más bonaerense que patagónica, en apariencia. De cualquier modo, mes decisivo noviembre al igual que la reunión, y no sólo porque insinúe el principio del calor veraniego.
Tienta ese congreso por las presencias que allí habrán de ser contabilizadas, bajo la excusa -a cumplir o no-de elegir nuevas autoridades durante el año próximo. En rigor, lo que interesa es la fotografía del conjunto, quizás una muestra de unidad (o de una parte de la unidad peronista). Porque en la primera línea del escenario estarán seguramente todos los próceres, empezando por Duhalde, Carlos Reutemann, José Manuel de la Sota, Rubén Marín, gobernadores revalidados como Juan Carlos Romero y Felipe Solá, nuevos como Jorge Obeid, inciertos aún como Ramón Puerta o Carlos Rovira (o ambos), Jorge Busti y otros conocidos con justificado peso específico (senadores y diputados). Quedan dudas sobre otros convidados: ¿aceptará participar Carlos Menem?, ¿qué decidirá Kirchner con la invitación?. O, ¿estarán los dos en las deliberaciones?
Para algunos, esta convocatoria es una encerrona para el mandatario. Una forma de indicarle que el justicialismo dispone de un líder circunstancial, pero que otros son tan pares como él, dispuestos a formular críticas obvias sobre el poder partidario. O sea, un cónclave de gobernadores, un verdadero sóviet para quienes lo objeten, algo que no le disgustaba a Kirchner cuando asistía al Consejo Federal de Inversiones. Los reproches en ciernes: ¿no es perjudicial para el PJ que, justo cuando se dispone de un Presidente patagónico, se pierda en provincias del Sur como Tierra del Fuego o Río Negro?, por no hablar del Chubut radical o el Neuquén del MPN. La mención a Río Negro supone una carga de mayor profundidad: ¿no fue la pertinacia de la Casa Rosada, al auspiciar una línea interna, la que dilapidó el triunfo con una división en ese territorio?
Otras preguntas: 1) ¿para qué estimular a Aníbal Ibarra si éste estuvo contra Kirchner en la elección presidencial (votó por Elisa Carrió)? Aunque ahora que venció el porteño del Frente Grande quizá se olviden de esa imputación. 2) ¿Qué razón hubo para hacer peligrar la victoria en Santa Fe impulsando al socialista Binner? 3) ¿Por qué no se ayudó a Jorge Capitanich en el Chaco? 4) O, ¿para qué estimular disidencias inútiles e interferir en Santiago del Estero? 5) ¿Cuál es la razón para forzar un bloque presuntamente propio, mínimo de 30 diputados -muchos de los
Tal vez hay quien exagere con una revuelta, de caudillos airados porque les quisieron arrebatar o apropiar su territorio. Pero, al saberse que Duhalde está detrás de la convocatoria de noviembre, es de imaginar el propósito de una negociación integradora. Con vistas, seguramente, a un reparto más razonable de la administración futura, con hombres representativos del interior (no sólo con gente del frío), que finalmente garanticen las leyes en el Congreso a la hora de votar (nadie se atrevería a despreciar el poder legislativo del duhaldismo). No olvidar, por otra parte, que se avecinan cambios en las Cámaras. En Diputados, como modelo, ya no existirán mini-bloques o unipersonales, a menos que se asocien 5 legisladores. Se entiende que un solo delegado no puede consumir, por reglamento, el mismo tiempo que le corresponde a un sector con muchos más miembros, una forma de no convertir a los Diputados en las Naciones Unidas.
Para Duhalde, en apariencia, es la búsqueda de una armonía justicialista bajo su tutela, incluyendo al propio Menem. Casi una póliza para los 4 años que le quedan a Kirchner. Pero, ¿lo observa el patagónico del mismo modo? ¿Acaso mandó a la cama, al sueño eterno, su propia utopía de un movimiento propio? ¿La victoria de Ibarra no lo habilita para mantener aspiraciones personalistas? Al menos, este último episodio le facilita sentarse a la mesa de los caudillos no sólo con la investidura presidencial y un poder prestado: puede hablar por un distrito que no es tan minúsculo como Santa Cruz. Pero no se lo imagina en un reñidero: ha dado señales en otro sentido, en los últimos días, como inclinándose a la moderación: se lo observa menos sectario (últimas entrevistas por TV), negoció con el FMI rompiendo el chanchito, les dice a los piqueteros que no se deben cortar las rutas, explica la conveniencia de la pluralidad, afirma que no se aumentan las tarifas pero que va a negociar. Es un mensaje global, no parece transitorio. Ciento treinta días no pasan en vano. Pero igual nadie sabe si el mandatario avanza en ese criterio acuerdista hasta con sus conmilitones, entre los cuales también se ignora hasta dónde caló el rencor de la ofensa. Es cierto, sin embargo, que llega la hora del conteo -profesión en la que los justicialistas son expertosy la temperatura incide: las quejas de sus pares estarán en proporción directa al fervor que recoja Kirchner en la población. Si disminuye esa adhesión, serán más fuertes o, más tibias, en el caso de que conserve el acompañamiento popular. Aunque en esto, volviendo al Noriega del principio, habrá que recordar otra frase reciente del funcionario de Bush: ningún gobierno será eficaz si sólo atiende lo que dicen las encuestas.
Dejá tu comentario