Aníbal Ibarra intensificará su campaña porteña, con la que aspira a ser reelecto jefe de Gobierno de la Capital Federal, con actos de los que quiere excluir el cronista Miguel Bonasso, a pesar de ser primer candidato a diputado nacional en una de las tres listas que competirán el 24 de agosto con la fórmula Ibarra-Jorge Telerman.
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Esta semana, además, Ibarra cumple tres años de gestión, algo que quiere hacer notar por diversas cuestiones: una es que enumerará lo que considera sus logros y lo tan mal que cree lo trató la crisis económica durante el mandato. Otro interés es el apuntar a las publicidades de su principal rival Mauricio Macri en cuanto al tiempo de gestión: «Esperamos que sepa contar, ya que atribuye cuatro años y son tres los que se cumplen desde que asumió Ibarra», ironizó Carlos Campolongo, jefe de campaña del frentista.
La celebración del particular trienio consistirá en una conferencia de prensa y la entrega de un balance de lo actuado, con la presencia de funcionarios, no es cuestión de que los opositores sigan insinuando que Ibarra usa actos oficiales para hacer campaña.
Ayer, en la agenda de actividades del candidato a ser reelecto, no estaba incluida ninguna aparición con la lista del Partido por la Revolución Democrática que lleva a Bonasso, aunque Campolongo remarcó que «por ahora no», habrá presentaciones conjuntas con esos postulantes a diputados y legisladores porteños. La idea en cambio es lograr que el público elector asocie a Ibarra con la marca Fuerza Porteña, el remozado sello del Frepaso con el que concurrirá el jefe de Gobierno al cuarto oscuro y acercar votos para que entren más legisladores colgados a la lista «oficial».
•Tranquilidad
El cronograma tranquiliza a la tropa real del mandatario porteño, que teme que el efecto confusión le reste bancas propias en la próxima Legislatura, con tres listas de postulantes a legisladores distintas y sin que ninguna sobresalga a los ojos del votante. El ibarrismo se negó hasta el último minuto a concederle una franquicia a Bonasso, la que finalmente fue cedida por presión del gobierno de Néstor Kirchner, en la persona de su jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
Ese funcionario es el encargado de manifestar el favoritismo oficialista por Ibarra en la Capital Federal, pero el Presidente no estará comprometido en ninguna aparición pública de campaña porteña con el candidato a no ser actos institucionales. A.Fernández habría prometido a Ibarra, además de declaraciones de adhesión, que los integrantes del gabinete nacional, residentes en Capital Federal, se sumen a su candidatura. Ese grupo lo integrarían el propio A.Fernández; el ministro de Relaciones Exteriores, Rafael Bielsa; el de Justicia, Gustavo Béliz y el de Trabajo, Carlos Tomada. De todos ellos es factible que aparezca dando un último impulso a la campaña porteña Daniel Scioli, el principal de los candidatos que abandonaron la carrera por ocupar cargos nacionales. Más difícil es que Béliz admita que ahora tiene interés en la reelección de Ibarra, aun cuando su principal ladero, Gabriel Picciano, integre las listas a legisladores locales de Fuerza Porteña. Tomada, en cambio, por su estada en el Frepaso en tiempos de Octavio Bordón y amistades que conserva en el reciclado partido daría el sí a la invitación.
Los arquitectos del proselitismo ibarrista arman un calendario en el que puedan forzar la compañía simultánea de Elisa Carrió y Kirchner en algún acontecimiento, pero se conformarían con el agregado de ministros.
Desde el ARI, uno de los principales nuevos aliados de Ibarra, consideran sin embargo difícil esa coincidencia al no ver excusa en la presencia de Carrió en un corte de cintas, los que, teóricamente por ley, no podrían ser utilizados como motivo de captura de votos.
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