10 de septiembre 2003 - 00:00

Impiden visita de un militar

La mano de Néstor Kirchner parece un manto. Al menos, para los derechos humanos. Casi más internacional que el juez Baltasar Garzón, por sugerencia de su cancillería, Kirchner decidió instruir al Ejército argentino para que tramite la suspensión de una visita: para antes de fin de año estaba prevista la llegada del jefe del Estado Mayor del Ejército británico, pero ahora la administración local no parece dispuesta a recibirlo.

Ocurre que la visita del militar británico, una retribución a la que hiciera el jefe del Estado Mayor argentino en 200l, se cancela debido a que ese uniformado tiene en su cuenta varias denuncias por violaciones a los derechos humanos cuando operó, como coronel, contra la guerrilla en Irlanda del Norte. Habrá de advertirse que esas acusaciones no impidieron el ascenso del militar, mucho menos, su consagración como titular del Estado Mayor británico.

La obligada suspensión de este viaje, por otra parte, enrarece el avance que habían desarrollado las Fuerzas Armadas en los últimos años -luego de la Guerra de Malvinas-y una de las llaves para la Argentina en sus vínculos con la OTAN. Por otra parte, la visita hoy frustrada suponía una consideración especial de los británicos para el gobierno local: es que hoy los británicos tienen el mayor despliegue de tropas fuera de su territorio, presencia que en Irak sólo puede compararse a la de hace 50 años en la operación anglofrancesa en el Canal de Suez. Inclusive, esta misma semana decidió incrementar esa presencia con el envío de 2.200 hombres.

En la Casa Rosada no deberían ignorar esta realidad, ya que el jefe del Estado Mayor español decidió por su cuenta suspender una visita a la Argentina, también por este año, debido a la prioridad que le concede al envío de sus propias tropas -la brigada hispanocentroamericana Plus Ultra, bajo mando polaco-y la necesaria atención a este despliegue. Al revés de los españoles y con más responsabilidad en Irak, los británicos le concedieron una especial atención diplomática y militar a la Argentina. Pero la insalvable barrera de las denuncias por los derechos humanos, que tanto le interesan a Kirchner -tal vez un seguidor de las luchas en Irlanda-, impide por ahora una visita y abre la hendija de una complicación. Claro, no es la única.

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