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Devuelve atenciones pasadas Kirchner y, como George Bush o Jacques Chirac, se fotografiará con su ascendente vecino como forma de alimentación política y mediática. Le conviene sacar rédito del momento internacional que favorece al brasileño, un fenómeno en cualquier foro del exterior donde siempre aparece con su muda esposa («papagayo de pirata», según la feliz expresión brasileña) y proponiendo ingenuas utopías, aplaudidas hasta el hartazgo, pero de dudoso servicio. Como la imposición de mayores tributos a la venta de armas para luego distribuirlos entre los hambrientos del universo. Saldo: parece un lobbysta de los fabricantes de armas, ya que, si se aplicara esa teoría, seguramente incrementarían la producción, fortalecerían la industria de la muerte. Pero, sea como sea, hoy Lula es observado con la curiosidad de un Macunaima: un moreno que un bendito (o maldito) chorro de agua convirtió en blanco. Visión externa.
Si hasta se permite Lula desviarse de su partido original (el socialista PT), también del gremio que lo vio nacer (metalúrgicos que prometen huelgas) al tiempo que empieza a ser admirado por el centroderecha debido a que consigue reformas clave como la jubilatoria que jamás pudo instrumentar Fernando Henrique Cardoso (también proyecta otra rotunda y fiscal para mejorar las cuentas públicas). Ortodoxo, en rigor, Lula ha empezado a controlar la inflación, paga la deuda y mejora el riesgo país (741) con la natural suba de los títulos públicos. ¿Le servirá a Kirchner esta acumulación de datos o se detendrá en las minucias de una izquierda sufriente porque logró el gobierno, pero no el poder (al decir de aquel legendario disidente comunista Luis Carlos Prestes), como si en el mundo moderno el poder fuera la simplista expresión del mango de una sartén?
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