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26 de mayo 2003 - 00:00

Juró el nuevo gabinete con un Kirchner muy animado

Juró ayer Néstor Kirchner como presidente junto con Daniel Scioli como vicepresidente, al igual que su gabinete, y al margen de las formalidades protocolares (traspaso de banda y bastón en el Congreso, ceremonia con los ministros en la Casa Rosada, Tedéum posterior en la Catedral), importaba el mensaje inaugural. Sobre todo, porque necesariamente se compararía con el que pronunció el mismo día de la renuncia de Carlos Menem a la competencia por la segunda vuelta, discurso que generó polémicas y ciertas aprehensiones por su fuerte tono y algunos ataques. No ocurrió lo mismo en esta oportunidad. Más bien equilibrado (no gastar más de lo que entra, no déficit), voluntarista, con mínimas referencias al pasado y cierta propensión al populismo (no pagar la deuda con el hambre del pueblo, hay otros artículos de la Constitución por los cuales velaremos tipo vivienda digna). También planteó, por la crisis, mayor hegemonía estatal (poner igualdad allí donde el mercado excluye y abandona), y no formuló anticipos, aunque sí, quizás, un propósito de reformar la Constitución o, lo más probable, la utilización del plebiscito como fórmula de apoyo a determinadas medidas. Nadie debe olvidar el escaso respaldo que podría tener en el Congreso y que llegó a la Presidencia con un exangüe porcentaje de votos. Tal vez lo que no pudo lograr con la candidatura ahora lo busque con la gestión. También puntualizó la promesa de que gobernará "paso a paso", sin grandilocuencias. No mencionó a Perón ni a Evita; tampoco cuando agradeció en la Casa de Gobierno, aunque allí hizo una referencia favorable a la breve administración Cámpora con la cual coincidía en fecha (30 años atrás). Tampoco tuvo ningún gesto oral con Eduardo Duhalde, quien como final de fiesta hasta le organizó una manifestación en Plaza de Mayo. Para muchos fue un gesto de amplitud al resto de los ciudadanos, aunque el duhaldismo bonaerense -al igual que otros justicialistas-no lo observó con los mismos ojos; demandaba algún tipo de gratitud. Hizo alusiones a casi todas las áreas de gobierno, con lo cual resultó obvio que el mensaje se construyó con el aporte de cada ministro. No hubo precisiones ni sorpresas, más bien habrá que esperar las características cotidianas de la nueva administración. Ese es el estilo que se propone Kirchner.

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Néstor Kirchner buscó con exagerado humor desacartonar las ceremonias de asunción de la presidencia junto con Daniel Scioli. Tomó el bastón, símbolo del mando, al revés y salió del error agitándolo ante las cámaras de TV.

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El recinto parecía dividido no sólo por la ubicación de las sillas sino por la proveniencia de los invitados. A la derecha, el elenco estable, que de tanto concurrir a asunciones y ceremonias ya conocen de memoria hasta las alegorías del enorme fresco que decora el techo con alusiones a la gloria del centenario. Otro país. En las primeras filas, detrás de los ministros y más temprano que el resto, se ubicaron los «gordos» de la CGT: Rodolfo Daer, Armando Cavalieri, Carlos West Ocampo, Delfor Giménez y José Pedraza sirvieron de hinchada para la continuidad de Ginés González García (Salud), aplaudieron respetuosamente el debut de Carlos Tomada (Trabajo) y se inquietaron cuando comenzó a merodearlos, sin decir palabra, Juan González Gaviola, quien casi seguramente tomará el control de las obras sociales.

Alrededor de ellos y con el mismo aspecto empresarial, algunos hombres de negocios. Predominaron, claro, los del sector energético. Alfonso Cortina, el titular de Repsol YPF se ubicó entre los primeros en una «punta de banco», acompañado por Alejandro Macfarlane. Atento a todo, Cortina sólo quitó la vista de su entorno para recibir los datos que le llegaban desde Madrid a su teléfono celular con los resultados de las elecciones municipales que se realizaron ayer en España. Un par de butacas más adelante se sentó Oscar Vicente, acaso el ejecutivo que más conoce al nuevo Presidente por las inversiones de Pérez Companc en Santa Cruz. Para matizar la espera, Vicente contaba anécdotas sobre esa relación: «Me acuerdo -refirió- el día en que inauguramos una explotación minera en asociación con AngloGold. 'Mirá Néstor, hay tantas posibilidades de que acá haya oro como de que vos llegues a ser presidente'». Se burlaba el petrolero de sus malas dotes de albur, ayer, en el centro de un corrillo. Al pelotón se sumaron también Julio Werthein y Carlos Heller.



No debería sorprender la asistencia del piquetero D'Elía más que la de algunos duhaldistas del conurbano. Entre ellos, Hugo Curto -tampoco usó la corbata, como D'Elía-, Raúl Othacehé y el neomenemista y ahora otra vez duhaldista Osvaldo Mércuri, quien festeja haber conseguido que su competidor en Lomas de Zamora abandone la pelea y le deje el camino abierto a María Elena, su mujer y candidata a intendente. Nunca falta un chistoso en las ociosas demoras de este tipo de ceremonia, como el que ayer decía que «el pobre pelado (Mércuri) tuvo que pagarle a Rossi todo el costo de la campaña electoral para que deje la lucha». Mezclado con esos bonaerenses, el único ministro del anterior gobierno que sin continuar viaje con Kirchner asistió a la asunción: Horacio Jaunarena. Un poco más allá se paseaba triunfal el santacruceño consorte Daniel «Chicho» Basile, con el cabello batido para ceremonias y la sonrisa de quien ya había ubicado a su amigo Eduardo Arnold en una secretaría de Interior.



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