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4 de mayo 2004 - 00:00

Kirchner echó de YPF al socio de Duhalde

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Dardis es un ingeniero que hasta ahora colaboró con el gobernador de Santa Cruz, Sergio Acevedo. Sin embargo, pertenece al círculo de funcionarios que reportan directamente a Kirchner, a quien secundó como secretario de Energía en la administración provincial cuando Daniel Cameron se incorporó al gobierno de Adolfo Rodríguez Saá. A tal punto controla el Presidente el área de Dardis que será él quien designe a su sucesor en el distrito: mientras tanto, le ordenó a Acevedo que ponga el área en manos del secretario de Hacienda provincial, Juan Manuel Campillo.



Hasta aquí la versión oficial, que imputa la supervivencia de Tempone en el gobierno de Kirchner a un efecto no querido de la distracción presidencial, lo cual es definitivamente erróneo: nadie del gobierno, de ningún gobierno, puede ignorar el salario que percibe ese designado en el directorio de la empresa. Y, como se sabe, aun los santacruceños aspiran a un estipendio de esa naturaleza y lo cambiarían hasta por un ministerio.

Un repaso más crudo de los hechos arroja también un panorama agresivo. En esta imagen, el mandatario obviamente jamás pudo ignorar la presencia de Tempone en el directorio, inclusive hasta por la forma escandalosa en que éste llegó al cargo, desalojando a otro funcionario recién designado (Raúl Palacios) cuando en el entorno de Lomas se enteraron del sueldo a percibir. Kirchner se precia de conocer todo en el mundo petrolero, más en sus direcciones. Entonces, el Presidente convirtió al director de Repsol YPF en otra víctima de su rencor contra Duhalde y, según este punto de vista, de sobra sabe a quién sacrifica. A quién le quita un contrato o, más exactamente, a quién se lo corta luego de habérselo extendido durante un año, como si fuera un pacto, por ser amigo de Duhalde. Es que Tempone es un hombre que compartió la infancia con el caudillo de Lomas, quien justificó la erección de su nueva y ampulosa casa en que «con Carlos quisimos establecernos en los terrenos donde jugábamos cuando éramos chicos». Dos sentimentales, Duhalde y Tempone comparten manzana en el pago chico. Antes transitaron juntos por otros ambientes: Tempone fue secretario privado del entonces gobernador y también compañero de actividades al aire libre. ¿O no era quien lo acompañaba en Pinamar el día en que apareció asesinado el periodista José Luis Cabezas? Público y privado, todo comparten estos amigos: si hasta la inmobiliaria cuya apertura Duhalde pregonó al dejar el comando provincial iba a ser gerenciada por Tempone y su esposa Lidia. Una pena para el mercado de bienes raíces de la zona sur, Duhalde debió ocupar pronto la senaduría y la Presidencia de la Nación, y Tempone atender a la operación petrolera de YPF, cargo para el cual el decreto de designación lo caracterizó como idóneo. La formación originaria del ex director es la de martillero, matrícula 3.225 del registro de Lomas.

El cambio de guardia puede mirarse como una escena de distintas películas. Una, la más obvia, es la de las relaciones entre el gobierno y Repsol. Se podrá decir que Kirchner no tiene amigos en el campo empresarial y es cierto. Que el vínculo con los petroleros españoles está sometido a un tire y afloje a veces incomprensible. O que las empresas productoras de hidrocarburos, en general, serán destinatarias del escarnio oficial mientras dure la crisis energética. Pero no caben dudas de que si hay una relación de cercanía entre los santacruceños que hoy gobiernan el país y algún grupo de negocios, ese grupo es Repsol. Por lo tanto, debería verse como natural que Kirchner haya implantado a alguien de su entorno en el seno de esa empresa.

Hay otra secuencia, sin embargo, en la que se puede insertar también el episodio del desplazamiento de Tempone. La de las relaciones entre Kirchner y el duhaldismo. El ex director de YPF es un espejo en el que se podrían mirar José Pampuro, Ginés González García o Aníbal Fernández, aunque el ministro del Interior, veloz como siempre, ya tuvo su audiencia con el ascendente Dardis. Duhalde debe en estos días soportar la mirada de su amigo de la infancia que, como tantos otros seguidores, le reprocha en silencio su metamorfosis de «hacedor de reyes» a «cuatro de copas». Una vez más, el caudillo de Lomas podrá justificar el escarnio: «Carlitos -le dirá a Tempone-, te conseguí un año más del que tenías asignado». La respuesta es obvia y la daba ayer un puntero del conurbano: «Lástima que a Kirchner le conseguiste cuatro».

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