El presidente de Brasil produjo en las últimas horas varios hechos resonantes, pero que bien vistos buscan provocar más efectos de imagen que resultados concretos. • El anuncio de un adelanto para exportadores argentinos, cifrado en u$s 1.000 millones, causó sorpresa. Pero su alcance se diluye ya que en Brasil se insiste en que el tema no es de concreción inminente (se seguirá tratando a mediados de mes). Además, alcanzará sólo al comercio bilateral (algunos sospechan que terminará beneficiando a las empresas brasileñas que exportan desde la Argentina, tal como ocurría con los créditos italianos de la década pasada), tendrá costo (Libor más 1,5% o 2%, aún se negocia) y para ser viable obliga a Brasil a reformar la carta del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social. • En tanto, Lula Da Silva recibirá hoy a Néstor Kirchner, quien busca con el encuentro promocionarse como virtual presidente. El gesto del brasileño es inusual por darse en medio de una campaña electoral, pero en realidad nunca ocultó sus preferencias, al punto de que -impedido de decirlo por sí mismo- varios de sus ministros aseguraron aun antes de la primera vuelta que el santacruceño era su candidato preferido. • Por último, Lula nombró ayer por primera vez a un juez negro para la Corte Suprema. El gesto -cargado de simbolismo- implica un claro progreso para la sociedad brasileña. Pero su alto impacto opacó el hecho de que en realidad fueron tres los magistrados introducidos por Lula en el alto tribunal en sólo dos días. El dato es clave: en la Corte se dirimirá el destino de las reformas previsional y tributaria que se apuran en el Congreso.
La misma fuente de la Cancillería argentina opinó que también el Ministerio de Relaciones Exteriores argentino hubiera intentado tramitar una posible reunión entre Lula y
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