Flanqueado por el gobernador Jorge Busti y el intendente Marcelo Bisogni, Néstor Kirchner hizo en Concepción del Uruguay una enérgica defensa de la postura del gobierno argentino frente al conflicto por las papeleras.
Néstor Kirchner comenzó ayer a ensayar puntería con Roberto Lavagna. Al hablar en un acto en Concepción del Uruguay reflotó el viejo debate que libraba el ala izquierda de su gobierno contra el entonces ministro de Economía sobre los efectos inflacionarios de las alzas de tarifas y de salarios. Para cargar de ponzoña el dardo complicó en la andanada a su esposa Cristina, como si buscase reforzar la agresividad de su respuesta a lo que cree es un lanzamiento lavagnista en contra de su gobierno.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
«Hoy yo sé que hay algunos que les gustaría que a este país no le vaya bien por el solo hecho de ser. Es como me dice Cristina permanentemente, y escuchen bien, para algunos el aumento de tarifas no es inflacionario, pero sí es inflacionario el aumento de sueldos. Para nosotros lo fundamental es el aumento de sueldos que le devuelve la recuperación y el poder adquisitivo al pueblo argentino.»
Bastó para gatillar la respuesta presidencial una aparición del ex ministro en un programa de cable que irritó mucho a Kirchner. También la idea de que el lanzamiento tiene la venia de «la embajada» (de EE.UU.). La prueba sería su ataque a Hugo Chávez.
Enfrentamientos
En la pelea con sindicalistas y piqueteros sobre los aumentos de salarios el ex ministro se enfrentó en 2004 y 2005 con Hugo Moyano y Luis D'Elía, quienes lideraban las presiones para la actualización de los sueldos. Lavagna advertía desde Economía acerca de la moderación para que esas demandas no presionasen sobre el índice de precios. El propio Kirchner, siendo Lavagna ministro, avaló en numerosos discursos e intervenciones públicas los reclamos de alzas salariales y descalificó las quejas de sectores empresarios por huelgas y otros métodos compulsivos de reclamo.
Moyano también fue, cuando era ministro, blanco calificado de Lavagna, quien en varias oportunidades criticó la modalidad del bloqueo de establecimientos que emprendió el sindicato de camioneros pidiendo aumentos salariales o resolver pujas por encuadramiento gremialcomo las que enfrentaron al gremio de Moyano con los de comercio de Armando Cavalieri y los de la construcción de Gerardo Martínez.
Para mortificarlo al entonces ministro, Moyano lo acusaba de no poder controlar la inflación.
La crítica del Presidente retomó, con el objeto de esmerilarlo a Lavagna, aquel debate sobre salarios y también el aumento de las tarifas. Este debate enfrentó siempre en el corazón del gobierno a Lavagna con el Ministerio de Infraestructura de Julio De Vido. Este fue acusado en varias oportunidades por Lavagna de demorar la renegociación de los contratos de servicios públicos concesionados que incluían algunos aumentos de tarifas. Por esa demora, Lavagna promovió un mecanismo que le trasladó toda la potestad en esa renegociación al Congreso, incluyendo la posibilidad de la sanción «ficta» de la aprobación de los nuevos contratos. Según esa modalidad si el Congreso no discute durante un plazo determinado el nuevo contrato, éste queda aprobado sin debate. Se trata de un mecanismo legislativo polémico, que fue rechazado cuando se discutió la reforma constitucional de 1994 y que la Justicia deberá aprobar en cada caso.
Las palabras de Kirchner tienen veneno también porque se recordaron los aumentos de tarifas que se autorizaron bajo la administración de Eduardo Duhalde con Lavagna también como ministro de Economía. Esos reajustes fueron frenados por la Justicia al conceder amparos pedidos por usuarios y legisladores. El reproche de Kirchner hacia Lavagna duhaldista no escapó a nadie que escuchase el discurso de ayer.
A los entornistas de Kirchner les sorprendió el brote verbal de ayer porque hasta ese momento el Presidente había prometido no responderle a Lavagna. En las largas charlas del fin de semana en Río Gallegos junto a Cristina Fernández, Carlos Zannini, Julio De Vido y otros, el Presidente les había dicho que no respondería a su ex funcionario para no darle entidad ni blanquear una puja que no está a su nivel. En el grupo de los contertulios del ex presidente se le intentó quitar relieve al lanzamiento del ex ministro con frases del tipo: «No va a llegar a nada en serio si le confía la política a Juanjo Alvarez», etc.
Que ayer Kirchner mudase de ánimo ante su ex ministro puede significar que el Presidente empieza a advertir alguna envergadura en este lanzamiento, hasta ahora circunscripto al voluntarismo mediático de Lavagna y al eco que motivó en sectores hoy sin proyecto firme como el alfonsinismo o el duhaldismo residual.
Dejá tu comentario