La aparición de Roberto Lavagna como eventual candidato conmovió el tablero político, incluyendo al gobierno, que no pierde ya oportunidad de atizar al ex ministro como uno más de sus adversarios. Es decir, indigno de misericordia alguna. La ministra Felisa Miceli le prometió responder cada crítica que haga el economista y le reprochó quejarse de Hugo Chávez cuando «el año pasado se hacían negocios» con Venezuela. Echó sombras sobre algún capítulo de la gestión, y prometió más. El ministro no esperó para devolver el golpe: «En lugar de un Estado poniendo caños de agua es preferible uno que garantice educación». También cargó sobre «la tentación de los subsidios», poniéndose como blanco de nuevas críticas porque se autorizaron bajo su gestión y se lo recordarán. Anoche en Casa de Gobierno un Kirchner irónico se rió de los socios del ex ministro y recordó a «aquellos que nos fundieron, que nos quebraron, que vivían en función del acuerdo de noche en noche y de reunión en reunión y que hicieron alianzas», y «la devaluación asimétrica y el default». Todos episodios del pasado que tienen nombre y apellido y que buscó restregarle en el rostro a su ex ministro.
Roberto Lavagna dijo ante empresarios constructores
desarrolladores inmobiliarios: “Todavía creo que soy economista,
lo de político ya se verá”.
Roberto Lavagna volvió a criticar ayer al gobierno. Dijo que «en lugar de un Estado poniendo caños de agua, es preferible uno que garantice la educación, aunque sea primaria». Y detalló que «hay una tentación de otorgar subsidios fáciles, de realizar inversiones de carácter no prioritario que podrían hacer los privados y deciden intervenir con lo público».
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El ex ministro hizo estas declaraciones en un encuentro organizado por la Asociación de Empresarios de la Vivienda y Desarrollos Inmobiliarios (AEV). El presidente de la entidad, Fernando Esquerro, al presentarlo explicó que «cuando algunos meses atrás se decidió invitarlo, pensábamos que estábamos invitando a un economista. Hoy vemos que se ha transformado en un político». Rápidamente, Lavagna aclaró: «Todavía creo que soy economista, lo demás se verá».
Aun con esa aclaración, tantoel discurso como las respuestas a las consultas de los participantes sonaron a plataforma política. «El miedo ( luego de la crisis) pasó, pero reaparecen nuevos fantasmas. Ahora hace falta que la sociedad de nuevo se encolumne detrás de otro proyecto serio, donde la productividad sea central al igual que la distribución de la riqueza y la inversión», dijo.
El auditorio al que se dirigió Lavagna esperaba con cautela. En la última semana, trascendióque el economista había hablado sobre la existencia de una burbuja inmobiliaria.
Y antes de dejar su cargo el año pasado, había comentado la sospecha de que en el sector de la construcción había sobreprecios. Por esta segunda razón, según se comentaba, no estuvo presente la plana mayor de la Cámara de la Construcción. En cambio, las mesas del restorán central de La Rural estaban colmadas de desarrolladores y operadores inmobiliarios.
Entre los empresarios con los que compartió la mesa el ex ministro se encontraban Esquerro, Rudy Boggiano ( Constructora Sudamericana), Miguel Camps (Argencons) y Mario Ulanovsky (AEV Rosario). A su lado, se ubicó además Leonardo Madcur, el ex secretario de Coordinación Técnica que lo acompaña a todos los eventos y que hoy asesora a Guillermo Nielsen en la Ciudad de Buenos Aires sin un cargo específico. Madcur está vinculado a la construcción por negocios familiares. Su padre, Monir, es directivo de la cámara que agrupa a las empresas del sector.
Expresiones solventes
Las siguientes fueron las principales declaraciones de Lavagna, que prefirió no contestar las preguntas sobre su candidatura:
Todavía creo que soy economista, lo demás se verá. . Hay una inercia del crecimiento del año pasado. Sólo por arrastre estadístico hay 3,6 puntos asegurados para este año.
Con la solidez macroeconómica que hay hoy se puede elegir. Esto es una bendición porque se puede pensar a largo plazo, pero también es un riesgo porque es posible acumular errores.
Si se tiene un superávit fiscal de 4,5%, podrían decir ¿por qué no nos gastamos un puntito? Con un superávit comercial de u$s 11.500 millones podrían pensar ¿por qué no restrinjo las exportaciones? Si eso sucede no pasará nada este año ni en 2007 pero se quiebra la tendencia y la lógica del modelo.
No sé cuál es el rumbo de algunas políticas. Hay tentaciones de subsidios fáciles, de realizar inversiones de carácter no prioritario que podrían hacer los privados y deciden intervenir con lo público.
¿Qué clase de servicios públicos queremos? ¿Cuánto Estado queremos? Entre garantizar la educación primaria y un Estado colocando caños de agua, yo prefiero mejorar la educación.
Los que manejan esas empresas ahora, fueron socios de los privados. Si la empresa va a un juicio va a decir ¿por qué ahora piensan una cosa si cuando eran socios pensaban otra?
El gobierno no sólo tiene injerencia en los precios. No sería bueno que se pase de las privatizaciones a un capitalismo de amigos.
Hay problemas que no existían hace 6 meses y hoy merecen ser discutidos.
El Mercosur tiene problemas, pero rindió muchos frutos. No sirve para encerrarse sino para estar mejor ubicados en las negociaciones internacionales. O nos relacionamos con el mundo desarrollado o elegimos una línea ideológica como se está haciendo con Venezuela. Yo quiero lo contrario.
Ya se empiezan a plantear alternativas. Cuando en la crisis se comenzaron a dar soluciones, la sociedad fue acompañandopor un profundo temor que la hizo más moderada, cauta y racional. El miedo pasó pero reaparecen nuevos fantasmas como la idea del gobierno de intervenir porque sobran recursos. Ahora hace falta que la sociedad de nuevo se encolumne detrás de otro proyecto serio, donde la productividad sea central al igual que la distribución de la riqueza y la inversión.
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