Kirchnerismo ahora sueña con volver a la plaza el 17
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• Adhesiones
Ninguna de estas contribuciones, salvo las de D'Elía (llama la atención la inversión en cartelería que realizó para su campaña de gobernador) y su socio Juan Carlos Alderete, puede hacerse cargo de llenar el espacio que los jóvenes setentistas dejaron vacío aquella tarde del '74. Por eso desde los despachos del primer piso de la Casa Rosada se buscan otras adhesiones. Ya se anotaron Julio Pereyra (FlorencioVarela), Hugo Curto (Tres de Febrero) y Juan José Mussi (dirigente de Berazategui con funciones en el Ministerio del Interior). La colaboración de Curto puede resultar paradójica ya que Perón expulsó a los Montoneros de la plaza convencido de que habían asesinado a José Ignacio Rucci. Curto es metalúrgico, como Rucci, por más que siempre estuviera enfrentado internamente al jefe de la CGT, en línea con Lorenzo Miguel.
La lista no será mucho más extensa: Kirchner se propone conseguir la adhesión de un circuito político y social ajeno al duhaldismo. No vaya a ser que lo que se planea como una exaltación de su personalidad termine siendo, de nuevo, una prueba de que el poder del gobierno es prestado. Por eso es más urgente que el propio partido del Presidente aporte su granito de arena. Los integrantes de esta corriente, llamada Partido de la Victoria, se reunirán dentro de unos días en Mar del Plata para elaborar un nuevo documento: ya escribieron el de Tanti (Córdoba) y ahora prometen una pieza literaria más. Este grupo, que animan Carlos Kunkel y Miguel Bonasso, no llenará la plaza pero sí media biblioteca.
Todo el gasto y energía que demanda la realización de esta escena, casi un exorcismo sobre el lugar desde el cual Perón expulsó a los «estúpidos e imberbes» del paraíso oficial, sólo tendrá un desenlace exitoso si la suerte del oficialismo prospera en la Capital. Ayer el clima del gobierno parecía ensombrecido al respecto: las encuestas que consume Kirchner registraron un repunte de Mauricio Macri que inquietó al núcleo oficial. La apuesta porteña, quién no lo advierte, es fuerte: si sale mal, aquellos montoneros, izquierdistas y repartidores de panfletos de los años '70 se verían impedidos de ingresar al sitio del que, compulsivamente, debieron salir.




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