Probablemente el ciclo del ex presidente Néstor Kirchner quedará para siempre como uno de los más disruptivos en términos históricos y virtuosos de la política económica. Gracias a las medidas aplicadas (pero sobre todo a su concepción política, económica y social), Kirchner llegó a la Presidencia el 25 de mayo de 2003 y desde ese momento no paró nunca de incentivar el consumo y reactivar la industria. Su clave fue siempre la heterodoxia, que logró que el país creciera con fuerza tras la crisis sin resignar cuestiones centrales como era la inclusión social y el fortalecimiento del mundo del trabajo y, por ende, del salario. Se venía de la terrible experiencia de 2001-2002, una debacle de proporciones siderales. El pensamiento económico del expresidente logró poner en marcha la actividad y no sólo eso: en los siguientes diez años, la economía creció a una tasa promedio del 7,2 % anual.
El punto de arranque merece mención, ya que había baja existencia de reservas monetarias, el endeudamiento orillaba los u$s180.000 millones pero sobre todo se había hundido la Argentina productiva, la tasa de desempleo era del 24% y los niveles de pobreza habían superado largamente el 55%. El resto de la historia es conocida: a la renegociación de la deuda con una quita inédita, le siguió la incorporación de millones de personas al mundo del trabajo y la creación de miles de pequeñas y medianas empresas.
En su primera etapa, uno de los rasgos distintivos fue el sesgo permanente de un tipo de cambio alto y los superávit gemelos, el fiscal y el comercial respaldado por los precios de la soja. Por supuesto, hubo también en esa etapa otras medidas que marcaron el rumbo: la nacionalización de los fondos de pensión (2008) y la recuperación de Aerolíneas Argentinas (2009). Quedaría también el camino marcado para recuperar el 51 % de las acciones de la española Repsol en la petrolera YPF (2012), que permitió el punto de partida de lo que hoy es Vaca Muerta.
Pero si algo quedó claro en esos años, es que la economía y su funcionamiento dependen en un todo de la política. Fue Kirchner su propio ministro de Economía porque él marco un rumbo económico que pocos podían discutirle vistos los resultados que había conseguido.
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