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El viernes pasado, un grupo de diputados seguidores del Presidente se encontró en un café de Florida y Lavalle, nada secreto y muy a la vista, para discutir el futuro. Había allí representantes del kirchnerismo puro y otros recién elegidos que se preparan para asumir el 10 de diciembre. La consigna: Informate más
«Vamos a hacer el bloque kirchnerista de paladares negros, bien separaditos de los Talcahuano», fue la primera propuesta lanzada en la mesa, a la que se sentaron los correntinos Rubén Pruyas y Hugo Perié, la entrerriana bustista Rosario Romero y los dos diputados que consiguió el misionero Carlos Rovira.Todos habían venido a Buenos Aires a participar de las reuniones de los legisladores K y los sin techo con Alberto Fernández.
«Los Talcahuano fueron la base -dijeron-, pero ellos perdieron en sus distritos; ahora hay que abrir un nuevo espacio para el 'Pingüino'.»
La ambición de los recién llegados al kirchnerismo no se frena sólo en posiciones personales. Reconocen al santacruceño Eduardo Arnold como jefe, pero piden mas: «No llegó a la Cámara para ser vicepresidente solamente». Allí, uno de los correntinos relató su ultima reunión con Arnold, en la que le propusieron un plan a mediano plazo para disputarle a Eduardo Camaño la presidencia de Diputados.
El resto del café, a las apuradas en el centro, pasó por un rosario de lágrimas por la poca representación que tienen hasta ahora los seguidores del Presidente en relación con sus pretensiones: quieren controlar más comisiones y cuestionan que, excepto Ricardo Falú -retiene Juicio Político- y Julio Gutiérrez y Mónica Kuney -ambos, con cargo en la mesa de conducción del PJ-, ninguno de los kirchneristas ha logrado ubicarse en un lugar de privilegio. Salvo, por supuesto, el caso de Arnold.
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