Sergio Massa
recibió ayer
la cúpula de
CGT, encabezada
por Hugo
Moyano, pero
con la presencia,
además,
de Armando
Cavalieri, Juan
José Zanola
Andrés
Rodríguez.
Acompañó
Carlos
Tomada.
Las sonrisas, un rubro en el que Sergio Massa es experto, no ocultaron el fastidio de la Casa Rosada. La cumbre entre el jefe de Gabinete y la cúpula de la CGT estuvo precedida por una ráfaga de advertencias gremiales sobre la escalada inflacionaria. La faena que comenzó, la semana pasada, en privado Armando Cavalieri la completó, ayer, el secretario adjunto de la CGT, el metalúrgico Juan Belén. El mercantil, en la reunión del Consejo Directivo, tuvo en su momento una diplomacia que Belén olvidó.
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Los dos, por vías diferentes -¿también con intereses distintos?- pusieron el acento sobre la irrealidad de los datos que difunde el INDEC. Un modo de cuestionar, aunque no hayan mencionado su nombre, al secretario de Comercio, Guillermo Moreno.
Es más: castigar a Moreno implica, en los hechos, extender la crítica hacia Néstor Kirchner, principal protector del interventor del INDEC.
Uniformidad
Ayer, en Casa Rosada, ante Massa y el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, el tono fue menos belicoso. Sin embargo, el planteo de los gremios -más allá de los maticeses uniforme: antes de fin de año, quieren rediscutir los acuerdos salariales firmados.
En carpeta está la posibilidad de tratar de evitar la reapertura de las paritarias a cambio de que se fije, por decreto presidencial, una suba general para los trabajadores. Se afirma que esa posibilidad fue discutida entre Moyano y Kirchner.
En realidad, los gremios prefieren discutir sector por sector: no es lo mismo una mejora para SMATA o portuarios, que tienen sueldos básicos por encima de los 2.500 pesos, que para los pasteleros o la industria del vidrio, que están por 40% abajo de esos sueldos.
Pero para evitar que la negociación se caotice, el gobierno prefiere fijar un aumento global que opere en cuotas y para todos los trabajadores por igual. Los empresarios no ven con malos ojos esa alternativa. La prefieren, al menos, antes que reabrir la discusión.
Por lo pronto, el diálogo con Massa tenía otra agenda: en concreto, avanzar sobre el aumento de las asignaciones familiares que hace tiempo reclama la CGT y, sobre todo, respecto de la modificación de los mínimos del Impuesto a las Ganancias.
Existe, siempre, un tercer anexo ligado a las obras sociales que no es del todo público e involucra varias cuestiones: desde el manejo de lo que recauda la AFIP por aportes, hasta la desregulación y, también, que el gobierno no intervenga en la negociación con los prestadores.
Casi con desesperación, los gremios esperan anuncios en ese sentido. Es, dicen, la forma de contentar a sus afiliados que les trasmiten la pérdida del salario de bolsillo como consecuencia de la inflación que el INDEC sigue ubicando en valores insólitos.
En concreto, más allá de los planteos por la cuestión del INDEC y los índices que difunde ese organismo, los gremios sostiene que es «urgente» modificar el Impuesto a las Ganancias subiendo los mínimos no imponibles 30% por encima de los valores actuales que son de $ 3.300 para solteros y $ 4.400 para casados En realidad, su pedido es eliminar directamente la llamada «tablita de Machinea» pero ayer, al igual que les habían trasmitido en contactos reservados, Massa y Tomada le dijeron que esa reforma es imposible por el momento.
Durante 1 hora y 40 minutos, Massa y Tomada escucharon los planteos de los sindicalistas. Hasta Casa Rosada llegaron, además de Moyano, Belén y Cavalieri, el titular de la UOCRA Gerardo Martínez, el de UPCN Andrés Rodríguez, el bancario Juan José Zanola, Jorge Viviani (taxis) y Héctor Daer (Sanidad).
En privado, Massa les dijo que se conocerán algunas novedades referidas a las peticiones hechas por los sindicatos. Los jefes gremiales se fueron convencidos de que será inminente el anuncio de suba en el mínimo no imponible y en lo referido a asignaciones familiares.
Sin embargo, los sindicatos se quedaron con la idea de que el gobierno está demorando por demás esos anuncios. Y, por eso, al final de la reunión ayer había varias caras largas.
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