Los actos del sector campo podría decirse que tienen, a diferencia de los kirchneristas, una estética más apta para todo público y hasta atrapan, claro, a un universo opositor tanto más abarcativo que el peronismo oficialista y su ala transversal. Hasta se vio ayer, en Palermo, revivir pancartas de la Juventud Radical, extinguida hoy en la política porteña, e ilusionada con un retorno cuando Eduardo Buzzi coronó su discurso con el preámbulo de la Constitución nacional en similar tono al de Raúl Alfonsín, en el 83.
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Tal vez tanta Bandera argentina, al por mayor en esas manifestaciones contra el gobierno, quizá el paisaje donde se montan -a la vera del río, en Rosario; a la vera del parque, ayer-le da un tono distintivo a la protesta agropecuaria. O puede ser la musicalización en las esperas: allí se pasan chacareras y no suenan bombos. Eso sí, la pirotecnia es compartida y la lleva a las manifestaciones del agro la militancia de izquierda. Detalles de un tumulto que se entregó ayer a la recreación, mientras esperaba los discursos, en el eje palermitano de mayor atracción turística, como son los bosques con sus lagos y el zoológico. La entrada a ese paseo entremezcló a familias con niños sin clases por día de manifestaciones y a adherentes del agro que lo tomaron como referencia para encontrarse, al punto que taponaban la entrada sobre la avenida Sarmiento.
Los 27 grados de sensación térmica a primera hora de la tarde le agregaron clima de Día del Estudiante a la estada de ciento de miles de personas, que cedieron al picnic, mate, helados, todo a la mano en precarios puestos y el inflado toro Alfredito, tras el monumento conocido como De los Españoles, para atracción de los más chicos.
Enseñas
Muchas banderas argentinas, las compraban de a cuatro los manifestantes, variadas y de todo precio, a $ 5 las chiquitas, dos por $ 10 unas más grandes, también de $ 20 y $ 30, todo depende, como en liquidación, sobre el final del acto bajaban los precios.
Zambas, chacareras y coplas dedicadas a los senadores, desde el escenario, animaron por horas a la concurrencia, un surtido tan disímil como inimaginable. Por la avenida Sarmiento ingresó temprano la izquierda, el MST y la Asamblea del Pueblo, a pura pirotecnia, con cánticos que finalmente repetían mujeres de botas de cuero encerado, cinturón campestre y sombrero, señoras de andar pausado -hasta con bastón algunas-y elegante vestir. Padres con niños que requerían choripán de $ 5 y una gaseosa, enfriada a hielo en palangana, a $ 4. Muchos concurrentes, reacios a ese tipo de ventas, preferían caminar hasta la estación de servicio más próxima y demorarse en una infinita cola a la espera de una vianda, por cierto con bebida más barata que la de los puestos.
Souvenirs, también variados, gorros argentinos de paño a unos $ 30, escuditos, banderitas, camisetas patrias para bebés, adminículos alusivos para celulares y remeras. «Estoy con el campo» ($ 30). Tanta gente atrajo a muchos vendedores ambulantes de helados ($ 3 el bombón), pochoclo, garrapiñada, caramelos, hamburguesas de dudosa procedencia, demasiado flacas, demasiado grandes, con el beneficio del parque que disipaba los humos de la grasa quemada.
En medio de ese andar multitudinario llegó Elisa Carrió con los suyos, perdida en la multitud y sin duda desacostumbrada a entregarse a esas prácticas sin ser protagonista. Francisco de Narváez, solitario, al paso se frenaba para conversar con algún asistente que lo reconocía. Esteban Bullrich, con gente de Recrear, casi era una referencia por su altura, que permite distinguirlo desde lejos.
PJ disidente
Y hasta la columna del peronismo disidente se ligó cientos de miles de aplausos que seguramente no esperaba, cuando su ingreso fue anunciado por altoparlantes. Lo mismo le pasó a Luis Barrionuevo: «Diez cuadras de gente con Barrionuevo», gritó el presentador, ya sobre el inicio del acto.
Pasadas las tres de la tarde, se apiñaban los manifestantes sobre el escenario, elevado en avenida Del Libertador y Sarmiento, con vista al centro porteño y se extendía la concentración varias cuadras, hasta Salguero, expandiéndose sobre el parque y acumulando adherentes en la avenida Sarmiento.
«Ahí está Castells, Castells y su gente», se entusiasmaba el presentador y daba cuenta de documentos extraviados, de cantidad de gente («pasamos los 120.000», dijo cuando todavía no eran las tres de la tarde). Denunció también que «a cien micros que están en la General Paz no los dejan pasar».
Otros prefirieron aguardar en los coquetos bares de la zona, y unos pocos, en general mayores, alcanzaron a ocupar los bancos del parque, con vista a la avenida Del Libertador.
De pronto, un grupo chico con bandera de Tierra del Fuego se sumergió en la multitud entre aplausos, junto a delegaciones de Necochea, Coronel Dorrego, Trenque Lauquen, Cañada de Gómez, Chivilcoy, Armstrong, Bariloche y Pergamino.
«Por un país federal, democracia y dignidad», decía un cartel en el escenario, al que apuntaban las agrupaciones, como Pampa Sur, que, desobedeciendo a Mauricio Macri, colgó una enorme bandera que los identificaba, entre dos árboles, pero no fueron los únicos rebeldes en ese tipo de contravenciones.
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