La izquierda quiere un Kirchner más izquierdista

Política

La renacida liga poscomunista de Izquierda Unida -tiene una banca en el Congreso nacional- sometió al primer examen de ADN para determinar si Néstor Kirchner cumple con sus parámetros de izquierdismo. No basta con lo hecho por el Presidente hasta ahora. La revista «Alternativa Socialista» cree que sólo busca hacer populismo contrarrevolucionario.

El gobierno de Kirchner ya lleva más de dos meses de gestión. Tomando en cuenta las intenciones, las declaraciones y los hechos, surgen interrogantes que van más allá del «estilo K». Muchos se pueden preguntar de buena fe si este gobierno del PJ es «de izquierda». Otros (como Menem o Ambito Financiero, «Canal 9» o «Radio 10») lo califican así como parte de su campaña política. Lógico y necesario es que desde la izquierda aportemos nuestra respuesta.

Comencemos por un «test». Un gobierno «de izquierda» debería estar poniendo en práctica las propuestas que ésta viene levantando ante la crisis del país. Por ejemplo, el MST e Izquierda Unida, así como otras organizaciones de izquierda, proponen la ruptura con el FMI, el no pago de la deuda externa, la anulación de las privatizaciones, los impuestos progresivos a los grandes empresarios, un inmediato plan de obras públicas que levante el empleo y los salarios, entre otras urgentes medidas. Ante los policías-secuestradores y los genocidas libres, un gobierno de izquierda ya habría anulado las leyes de impunidad, e impondría el desmantelamiento del aparato represivo y la democratización de las Fuerzas Armadas, para acabar con la inseguridad y la corrupción. Por el momento, nada de esto aparece en el gobierno actual, ni hay indicios que apunten para ese lado.

Kirchner ha tomado algunas medidas que podrían abrir el interrogante de si son «de izquierda». Por ejemplo, empujó para la renuncia de Nazareno a la Corte. Pero está muy lejos del reclamo de elegir a los jueces mediante el voto popular. Anuló el decreto de De la Rúa que impedía extraditar genocidas. Pero siguen aún las leyes de Obediencia Debida, Punto Final, y los indultos (mientras IU viene presentando el proyecto de ley de anulación). Intervino nuevamente el PAMI, pero no se lo entrega a sus verdaderos dueños, que son los jubilados. El aumento de salario y jubilaciones que dio es miserable, y perjudica en el camino a deudores e inquilinos. Es cierto, son medidas con otro estilo. Distintas de las de De la Rúa y Menem, pero muy insuficientes.

• Ajuste

Kirchner intenta tocar por arriba algunas instituciones emblemáticas, muy repudiadas por la población, para reconstituir el poder perdido por el PJ, afrontar los procesos electorales en la Ciudad de Buenos Aires y las principales provincias hasta fin de año y ganar apoyo popular para dedicarse, a corto plazo, a aplicar el plan aconsejado por el FMI.

Afirmó reiteradamente que no va a reestatizar y acepta la discusión del aumento de las tarifas. La flecha no apunta a la «izquierda», sino a seguir con el ajuste y la entrega.

Gato por liebre

Hay una búsqueda hacia la izquierda. Kirchner pretende frenarla. Y fundamentalmente pretende superar la crisis del PJ y cerrar el proceso revolucionario que tiró a De la Rúa en diciembre de 2001, que obligó a Duhalde a irse antes y que dio lugar a que Kirchner asuma la presidencia con un escaso 22 por ciento de los votos. Tiene una tarea difícil, aunque lo estén apoyando diputados del menemismo, las cúpulas sindicales (no sólo de las CGT, sino también la CTA), el ARI, sectores importantes de artistas e intelectuales, Hebe de Bonafini...

Quienes lo califican de «izquierda» también lo ayudan. Así alientan esperanzas en él entre aquellos que están buscando soluciones de ese signo. Es gato por liebre. Más allá de estilos, declaraciones y alguna medida parcial, Kirchner mantiene el libreto que ya conocemos de los gobiernos patronales: el desempleo, los bajos salarios y la entrega a los grandes empresarios y el FMI.

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