No se cree que Néstor Kirchner piense que la calidad y eficacia de un gobierno se decida por crítica de la prensa. O sea, que no se supone que lo mal que le fue al presidente De la Rúa hasta el golpe civil bonaerense que lo derrocó el 20 de diciembre de 2001 haya sido por los ataques de la prensa -sobre todo la televisiva, siempre más mordaz-porque Carlos Menem tuvo casi permanentemente en contra la mayoría del periodismo y gobernó 10 años completos. Es evidente, eso sí, que al nuevo presidente le preocupa demasiado la opinión periodística. Ciertamente, el grado de burla exagerada -hasta llegar al nivel del grotesco hacia el personaje-que se estila como humor político en nuestro país no es para nada común en relación con los países más democráticos, por caso Estados Unidos. En la nación del Norte se han sancionado jurídicamente excesos de burla contra su presidente, como si se cometieran contra símbolos patrios, por caso la bandera nacional. En la Argentina los diarios -aun de izquierda-han mantenido un nivel de humor político mensurable y equivalente al de Francia, Estados Unidos, Italia y otras naciones. En radio y, sobre todo, en nuestra televisión, se ha caído en evidentes excesos. Bastante es porque los argentinos somos hirientes y agresivos por genética, cuando viajamos hasta cuando vemos TV. Otro poco es porque el humor televisivo nunca llega al grado de fina comedia -algo que exige mucho esfuerzo y talento, porque un Tato Bores no surge todos los días-y sí se cae con continuidad en la comedia grotesca, gritona y esencialmente disparatada. El resumen: el humor más fácil aunque chabacano. Las revistas de humor de antaño "Caras y Caretas" o "Tía Vicenta", por ejemplo, también adoptaron el estilo de crítica no burda sino mordaz, satírica si se quiere. Pero las revistas de humor de izquierda fueron de nivel televisivo, también hiriente, desagradable, y como el público paga por una revista, se fundieron y cerraron. En la televisión gratuita persiste lo burdo como forma de humor con pocas excepciones (programa "Televisión Registrada", por ejemplo, que es algo inteligente y cuidado). La nueva revista "Poder", del grupo Vila-Manzano, en su último número publicó una nota sobre la intrigante visita de un animador televisivo al presidente Kirchner. Veamos párrafos salientes:
El asunto se convirtió en una cuestión de Estado desde que se supo que Tinelli efectivamente volvería este año a la pantalla de Telefé. Cerca de Kirchner, el recuerdo de la demoledora parodia de De la Rúa que desde «VideoMatch» ayudó a sellar en el inconsciente colectivo la inoperancia del ex presidente radical, se convirtió en una pesadilla. Y no es para menos: Tinelli, avalado por sus millones de televidentes, por su impronta de muchacho de barrio que habla desde el supuesto sentido común con que lo haría cualquier argentino medio, puede vender una lata de gaseosa, descostillarse ante el traspié de algún famoso y legitimar o esmerilar la figura del más notable. Cuando Kirchner, con su llamada transoceánica, interrumpió las vacaciones familiares del animador tenía presente tales virtudes de su interlocutor, y sabía algo más; todos en su entorno solían describirlo como un personaje difícil de domar. «Déjenlo en mis manos», tranquilizó el mandatario, y pidió que le consigan el celular del animador.
•Reunión previa
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El diálogo fue ameno y formal. Lo suficiente como para que ambos acordaran reunirse en las oficinas de la Casa Rosada. Pero antes, los escuderos de uno y otro debían pulir el temario del encuentro. Por el gobierno asistió un ministro de alto perfil mediático y oficio político; por el empresario, uno de sus incondicionales más antiguos. Fue una reunión breve, pero eficaz: cada uno salió de allí con la sensación de haber obtenido lo que buscaba: el ministro, un pacto de no agresión. El tinellista, un espacio para expandir el alcance de su productora. Pero, como se estila en los duelos, el acuerdo debía ser sellado por sus jefes.
El domingo 27, un bronceado Tinelli desarmó sus valijas en el piso 41 del edificio Le Parq de Palermo y 48 horas después se presentó ante el patagónico. Ya había dado el primer guiño hacia el titular del Ejecutivo a través de una entrevista en la revista «Caras»: «Recuperé la fe en el país», dijo. Y agregó: «Hoy tengo confianza en Néstor Kirchner». Con esas declaraciones de fondo llegó a la cumbre. El primer encuentro estaba pautado con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Tinelli debió esperar media hora porque el funcionario estaba en otra audiencia. Al mediar la charla con Fernández, Kirchner irrumpió en la oficina y los invitó a pasar a su despacho. Según voceros oficiales del gobierno, la conversación continuó por otros 20 minutos, y todo giró alrededor de «Canal 7». En esta versión de la historia, Tinelli se explayó sobre qué hacer con la emisora, enfatizando que no debía ser privatizada ni tampoco reducida su plantilla de personal. Los mismos voceros oficiales aseguraron que, durante el encuentro, Tinelli propuso «tomar como modelos la televisión pública de España, Chile o la BBC. 'Canal 7' puede ser un medio competitivo y hasta dar ganancias. Tiene pantalla para hacer programas culturales y educativos, pero también tiras costumbristas del estilo de 'Son Amores'». En otras palabras: para Tinelli, el canal oficial -una caja negra que según el gobierno consume unos 40 millones de pesos al año-necesita del tipo de productos que el empresario impulsa desde su productora, Ideas del Sur.
Los memoriosos del «7» recuerdan un episodio que los marcó a fuego: «Esto me hace acordar a la llegada de Gerardo Sofovich al canal», se alarmó, uno de los empleados más antiguos del canal. Y comparó: «En su momento, el presidente (Carlos) Menem dijo que Sofovich venía a darle impulso al canal, pero lo que pasó fue que Sofovich terminó poniendo programas suyos en la grilla, ¿acaso no estará gestándose lo mismo ahora?», se interrogó el empleado de la emisora oficial.
•Vieja relación
La suspicacia, por cierto, tiene sus razones: si, como explican los voceros oficiales, el encuentro se realizó para pedir consejo sobre el futuro de «Canal 7», ¿por qué Tinelli fue el único invitado a la cita? .
"Porque consideramos que su opinión es la opinión de un tipo exitoso», explicó a «Poder» el portavoz del gobierno Miguel Núñez. Y agregó: «El Presidente tiene una vieja relación con Marcelo, y Marcelo siempre se portó muy bien con Kirchner. Nos brindó su apoyo, en especial desde Radioshow, su radio. De todos modos, éste no va a ser el único encuentro que tengamos con empresarios de medios por este tema», señaló.
La historia oficial concluye con un apretón de manos. Y una promesa compartida: seguir conversando sobre «el futuro del 7», un espacio que puede ensanchar los dominios de Ideas del Sur. Claro que, para que eso suceda, los libretistas de «VideoMatch» deberán archivar cualquier libreto o proyecto que dañe la imagen del Presidente.
La versión tinellista del encuentro es casi tan idílica como la oficial. Salvo por un detalle: en esta versión, la charla sobre «Canal 7» no pasó del comentario.
El encuentro entre Tinelli y Kirchner coronó la aceitada relación que el gobierno ha estrechado con la mayoría de los medios. Sólo por algunas excepciones, en general, Kirchner no recibe críticas de la prensa, y casi todos destacan a diario la alta imagen positiva con que cuenta el Presidente. Un romance, quizá temporario.
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