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11 de febrero 2004 - 00:00

Liga de intendentes abre la puerta a Kirchner en Buenos Aires

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Que la congregación sea en la capital de la provincia luce ya sospechoso. Julio Alak, el dueño de casa, no será un kirchnerista de la primera hora (el Presidente nunca le terminó de perdonar su inclinación por Carlos Menem en las elecciones), pero jamás fue un duhaldista extremo. Al contrario, fue con el intendente de La Matanza, Alberto Ballestrini, el encargado de hacer el túnel que los sacaría del duhaldismo hacia otra formación cuando Carlos Ruckauf llegó al poder provincial. Desde entonces, cuando se los denominaba «mosqueteros» (el trío lo completaba «Juanjo» Alvarez), siguen cavando.



A Pereyra hay que prestarle atención. «Chichista» ortodoxo (por su aprecio por la señora de Eduardo Duhalde), construyó una alianza política con Graciela Giannettasio y con Luis Genoud, dos duhaldistas estrictos con los que todavía mantiene buena relación. Estas afinidades y las frecuentes reuniones que mantuvo durante el verano con Duhalde (sobre todo, un asado en Pinamar con Hugo Curto, Eduardo Camaño y «Cacho» Alvarez) llevan a algunos a pensar en que el intendente de Florencio Varela puede ser, en verdad, una especie de «doble agente». Sospechas que no llegan demasiado lejos. Hoy Pereyra parece ser, sin enemistarse con Duhalde, la punta de lanza de Kirchner en la provincia. En esa condición participa de la organización del congreso que harán en La Plata, similar a uno que se celebró en Entre Ríos, con la presencia de Jorge Busti, la oratoria final de Aníbal Fernández y el sello de la Casa Rosada: la visita de Carlos Kunkel, el hombre que fue jefe político de Kirchner cuando militaban en la izquierda peronista de la provincia, en los '70.





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