Con la incertidumbre acerca del resultado del ballottage porteño, Néstor Kirchner pareció ayer tomar distancia de su favorito Aníbal Ibarra, quien peleará por su reelección en la Capital Federal, contra Mauricio Macri el domingo.
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El Presidente admitió que la gestión de Ibarra, durante los últimos tres años, es criticable, pero justificó esas falencias, durante el día previo a la veda electoral, jornada en la que el jefe porteño cerró su campaña y pidió asistencia en el cuarto oscuro. Kirchner, como broche de su apoyo a Ibarra, dijo que a su candidato «lo castigan por la gestión. Por ahí tienen razón, pero también hay que analizar lo que pasó en el país durante su gestión y él todo lo pasó con éxito, sin sacar bonos, etcétera», señaló.
El gobierno apuesta al triunfode Ibarra, pero sabe que la situación es reñida entre los candidatos y que el resultado del domingo depende de muchas cuestiones. Una de ellas, según cree el ibarrismo, es la cantidad de gente que acuda a las urnas, convocatoria que tuvo un porcentaje alto de deserción en la primera ronda del 24 de agosto pasado, con más de 30% de inasistencia.
Las explicaciones sobre esas ausencias no convencen a los equipos de Ibarra, quien debe sumar más cantidad de sufragios que Macri, que lo aventajó en primera vuelta por 4 puntos. Por eso, el jefe de Gobierno ayer pidió, como no lo hizo la ronda anterior, que los vecinos acudan a las mesas, con la idea de que allí hay una porción de votos que lo favorecería, especialmente de los mayores de 60 años, en contrapartida con los jóvenes que optan más por Macri.
Así Ibarra quiere también desactivar el llamado de Luis Zamora a la abstención o anulación del voto que, según él, «será funcional a Macri» porque considera resta posibilidades de sumar al frentista, ya que esos votantes no lo harían por el titular de Boca. Otro tema del que intentó recuperarse Ibarra fue el acuerdo del gobierno con el FMI, al que consideró positivo, pero sin embargo, la izquierda, que lo apoyó en su propia boleta, le neutralizó ese festejo.
El sindicalista Claudio Lozano, diputado nacional electo por la boleta de Ibarra, criticó a Kirchner por el acuerdo, curiosamente en una columna de la agencia oficial «Telam». Lozano cree que «la meta de superávit fiscal comprometido de 3 por ciento obliga a mantener congelados los planes sociales, el gasto en salarios y en jubilaciones, que además caerán en términos reales durante 2004, ya que no se ajustarán por inflación, y al mismo tiempo impide dinamizar la inversión pública para acelerar el crecimiento de la economía».
• Recorrida
Con esas confusiones, Ibarra optó ayer por hacer un cierre de campaña similar al de Macri: una recorrida por los barrios donde los vecinos lo castigaron más con el voto.
El jefe de Gobierno arrancó pasadas las cuatro con paradas en lugares que considera la gestión lo favorece, como el Parque Rivadavia, para terminar en Barracas en un escenario junto a la intendente de San Pablo, Marta Suplicy, el socialista Hermes Binner, el animador Claudio Morgado y funcionarios de su gobierno, entre otros, con la idea de capturar adherentes en la zona donde su contrincante hizo la mejor elección el domingo 24 de agosto.
Para el ballottage, Ibarra modificará su rutina electoralista e irá a votar a las 9.30 de la mañana, por lo que citó muy temprano a los periodistas a su casa, tanto como para no romper la tradición. Ese madrugón se explicó en que el jefe porteño quiere desde temprano controlar paso a paso el desarrollo de los comicios, con la experiencia de la elección pasada, cuando la falta de fiscales y de monitoreo le jugó en contra durante la mañana.
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