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26 de mayo 2006 - 00:00

Lo más sensato lo expresó Bergoglio

Impresionó ayer la homilía del cardenal Jorge Bergoglio en la Catedral, con la presencia de Néstor Kirchner en el tedeum. Mensaje que, si bien el gobierno jura que no está en su dirección (como lo aseguraron varios ministros), su simple lectura indica que apuntó directo a la administración kirchnerista. Basta una frase: «El poder y la autoridad nacen de la convocatoria a una confianza, no de la manipulación, el amedrentamiento o la prepotencia». La voz de Bergoglio no debe haber coincidido ayer con la de otros obispos, ya que su tedeum porteño no se repite en provincias o grandes ciudades. Cada cura tiene su voz y, entre ellos, no es habitual que se consulten (salvo a los que están en sus propias diócesis). Entonces, con este sistema bastante democrático, el sermón del cardenal fue propio, autónomo, duro. Y de la Iglesia Católica argentina. Se equivocaban desde el gobierno quienes, por compartir ciertas escenas sociales con Bergoglio, suponían que éste se quedaría afónico.

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El cardenal Jorge Bergoglio saluda ayer a Néstor y Cristina Kirchner al inicio del tedeum por el 25 de Mayo en la Catedral. El gobierno salió tranquilo de la ceremonia, aunque hubo fuertes críticas a los métodos políticos.
La homilía del cardenal Jorge Bergoglio ayer ante el Presidente no defraudó a quienes esperaban una fuerte censura de los hábitos del poder en la Argentina. El primado enumeró los errores de la dirigencia argentina usando como tema del sermón las Bienaventuranzas de Jesucristo, uno de los pasajes más bellos y a la vez profundos del Nuevo Testamento y que sintetiza la opción de los católicos por la «nobleza» , la caridad y la «amistad social» que le reclamó Bergoglio, entre tantos otros, al Presidente.

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Inevitable que se lea en las palabras del cardenal una crítica al gobierno, aunque queden comprendidas en ellas los demás hombres públicos, de empresa, etcétera. La censura a la afición por gobernar para las encuestas, «a quienes necesitan propaganda para mostrar lo que hacen», al recurso «al juego de las fuerzas para imponerse». La «bienaventuranza» que sumó ayer Bergoglio a las de la escritura fue para quien «no necesita imponer su idea, seducir o ilusionar con mentiras».

  • Elogio

  • El párrafo más fuerte elogió a los que «aman la pureza de sus convicciones vividas y transmitidas con intensidad sin esperar los aplausos, el relativo juicio de las encuestas o la ocasión favorable de mejores posiciones. No cambian su discurso para acceder a los poderosos ni lo vuelven a desvestir para ganarse el aplauso efímero de las masas».

    El personalismo en las conductas políticas tuvo otro dardo i m p l a c a b l e cuando exalta a quienes se «animan a afrontar el desafío de construir sin exigir ser protagonistas de los resultados». El personalismo como método político -un reproche con nombre y apellido, negarse a aceptar que se es uno más del pueblo, -dijo el primado- «ha sido una causa de tantas frustraciones y fracasos, que nos han llevado a vivir en vilo, en permanente sobresalto». La tentación autocrática se complementó, según esta «malaventuranza» descrita por Bergoglio, por el «hábito de polarizar y excluir».

    La prensa tuvo su admonición, como en todos los mensajes de este obispo, que tiene en la comunicación una de sus obsesiones: «Bienaventurados los limpios de corazón que informan, piensan y hacen pensar sobre estas cosas fundamentales y no nos quieren distraer con hechos secundarios o banales. Los que no entregan su palabra o su silencio a los que dominan ni quedan atrapados en sus dictados».

    El sermonista imaginó a un Jesucristo víctima de una prensa aviesa que ya en los tiempos de su calvario hacía agitación insurgente, pero que hacía negocios crápulas con el poder: «El mismo Jesús sufrió toda clase de injurias e inventos maliciosos, vio cómo facciones rivales se unían contra El, oyó falsos testimonios de los desinformadores, tuvo defensores imprudentes que ensayaron rigideces y se quedaron con la realidad de su cobardía. Conoció la traición de los que señalaban con la izquierda y cobraban denarios con la derecha».

  • Censura

    A los políticos de todo pelaje les tocó la censura al internismo que tradujo el purpurado como «la constante exclusión del que creemos contrario».

    A todos les cayó el reproche de la «anomia», la ignorancia de la ley que describió como otra «malaventuranza», hermana de la «justicia sólo para los adeptos» y la «ley manipulada».

    El lado positivo lo van a buscar los señalados en las invocaciones de Bergoglio en el llamado a buscar un país más noble y de «amistad sincera». También en la advertencia de que las bienaventuranzas «no debemos buscarlas críticamente a los demás». Eso bastó para justificar los brindis de los funcionarios públicos que ayer, al salir del tedeum, festejaban las palabras de Bergoglio porque decían que no había entendido que fuera una crítica al gobierno.
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