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3 de octubre 2002 - 00:00

Los "equipos técnicos" políticos ¿ayudan o atentan contra candidatos?

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A los partidos de izquierda se los sigue por ideología o, al menos, por tendencia, y la desazón llega cuando hay que elegir quien los representa entre su pertinaz característica de subsistir permanentemente divididos y enfrentarse con ardor.

A los tradicionales, justicialismo y radicalismo, se los sigue por tradición, por sentimiento o por agradecimiento por favor recibido o a recibir. Los otros son los personalistas, por un lado, que surgen a partir de una figura con la cual se encumbran y decaen con ella hasta terminar en un «sello», y a los provinciales o zonales se los acompaña por un interés de proximidad inmediata comprensible.

En ninguno interesa la «plataforma» y sí la inclinación que se les conoce aunque termine dependiendo del candidato de turno consagrado en una votación.

En los grandes, UCR y PJ, hay «alas» que coinciden más con «alas» del rival que con las del propio partido. Ni hablar de la vergüenza histórica que han significado -catastrófico cuando llegaron a ser gobierno- las «alianzas» entre partidos que en sí mismos ya son incongruentes. Esto se vio desde la Concordancia, fines de los años '30; la Unión Democrática, de los '40; el peronismo-frondicismo de los '50 (exitoso gobierno pero cuando se escindió); el agrupamiento en el Colegio Electoral para Illia en los '60; Octavio Bordón-Chacho Alvarez, en el recientemente extinguido Frepaso; la «Alianza» que catapultó a Fernando de la Rúa a la presidencia en los '90, y la actual entente de crisol populista en un ala radical bonaerense y otra del mismo sentir del peronismo, el duhaldismo. Esta última «alianza» si está fracasando es porque buscó a destiempo el distribucionismo cuando no quedaba nada en el Estado para sustentarlo, pero fue más coherente, al menos.

El fracaso de las «alianzas» se fundamenta en que ya lo son dentro de cada partido entre tantos dispares «compañeros», «correligionarios» o «camaradas», pero se potencian hacia el fracaso cuando esas propias incongruencias de cada partido se adosan con las de otro. Es demasiado y estallan.



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