Los proyectos más ambiciosos de Invap

Política

Invap ha coronado 35 años de experiencia en el desarrollo de tecnología aplicada a la actividad aeroespacial en junio de 2011, con el lanzamiento del satélite SAC-D Aquarius desde la base de Vanderberg, en la ciudad californiana de Lompoc, en los Estados Unidos. Pero esa meta será superada ampliamente con la conclusión de media docena de planes que ya están en marcha.

Según contó el subgerente general de la empresa estatal con sede en Bariloche, Hugo Albani, en la actualidad existen contratos firmados con los ministerios de Planificación, de Defensa y de Seguridad para la construcción de una docena de radares, más satélites y aviones robóticos no tripulados.

En el plano de la actividad nuclear Invap ya construyó cuatro reactores: uno para la Argentina y tres a pedido de otros países. En los próximos meses se conocerán los resultados de tres concursos internacionales donde la compañía compite para empezar el quinto, y quizás, dos más.

Como toda industria Invap sufrió la desaprensión de la década del '90. En ese año, cuando se construyó el satélite SAC- B a pedido de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), la plantilla de personal llegaba a 1100 personas, entre profesionales y técnicos. Dos años más tarde, eran 330. Albani explicó en el acto por el día de la industria para la defensa que encabezó el ministro Arturo Puricelli en Córdoba la semana pasada, que por decisión del gobierno de Carlos Menem, "se cayeron todos los planes de producción de bienes y servicios para la industria nuclear" y sólo quedó en pie la incipiente actividad aeroespacial liderada por la Conae.

Luego de una tormentosa agonía, recién a partir del 2003 Invap recibió de la mano del Estado "un impulso enorme". Para ese año, la plantilla era de 350 y desde ese entonces ya se han incorporado casi 700 personas más, recuperando la cantidad de expertos que tuvo 22 años atrás.

Hasta la ecuación económica de la empresa se alteró: en 2002 el 80% de la facturación provenía del exterior; hoy es exactamente al revés, el 80% proviene de los contratos firmados con el Estado. "Ahora trabajamos para atender los requerimientos del Gobierno en materia de desarrollo de tecnología para la defensa y la actividad espacial", detalló Albani en su exposición.

A pedido de Planificación se desarrollan y construyen tres satélites de geoestacionales de comunicaciones que servirán para realizar observaciones de la Tierra y transportar todo tipo de datos y telecomunicaciones. Aunque no hay fecha precisa, el primero está previsto que vuele a la órbita en 2013. (Ver nota ).

Los científicos de Invap también trabajan en la fabricación de ocho radares secundarios, que permiten la identificación y seguimiento de blancos específicos en el aire. Los RSS (por sus siglas en inglés) se sumarán progresivamente desde el año próximo a los 16 en funcionamiento. El día que los 22 estén en actividad prácticamente todo el territorio del país va a quedar cubierto, bajo permanente vigilancia.

En la pequeña localidad de Las Lomitas, en el corazón de Formosa, se instaló el primer prototipo del Radar Primario Argentino (RPA), que actualmente está en operaciones de prueba. Este radar 3D proporciona datos de largo alcance y se utiliza para tareas de detección, identificación y control en el espacio aéreo. Uno similar, pero de medio alcance, opera en Santiago del Estero. Los dos son de producción nacional.

Para los próximos años, la Fuerza Aérea Argentina (FAA) encargó a Invap la provisión de seis radares primarios banda L, de iguales características al montado en Las Lomitas. Por su parte, la Subsecretaría de Recursos Hídricos, que depende de la cartera de Julio De Vido, solicitó 11 radares metereológicos.

De todos los proyectos encarados por Invap el más ambicioso, según lo definió Albani, es el SARA. Por iniciativa conjunta de los ministerios de Defensa y de Seguridad en Bariloche se trabaja en el desarrollo de un Sistema Aéreo Robótico Argentino compuesto por dos aviones no tripulados de clase II (medianos) y clase III (grandes). Estas naves sin piloto cumplen misiones militares o civiles de gran dificultad para las personas o que resultan peligrosas, con menores costos operativos. Cumplir este proyecto demandará seis años de trabajo.

Dejá tu comentario