14 de marzo 2002 - 00:00

Malvinas: se confirma que Francia fue amigo infiel

Las memorias del ex ministro de Defensa inglés, sir John Nott, despejaron ayer algunas dudas acerca del comportamiento de Francia durante la guerra que, por las islas Malvinas, enfrentó a la Argentina con Gran Bretaña en el '82. Un extracto de éstas fue publicado ayer en «The Daily Telegraph», donde Nott descubre que el mejor aliado del Reino Unido, más que EE.UU., fue Francia. A pocos días de cumplirse 20 años de esa guerra, también se conocieron las memorias del ex ministro de Relaciones Exteriores de Suiza en la década del '80, Edouard Brunner, quien afirma que una vengativa Margaret Thatcher saboteó las conversaciones en Suiza, en 1984, que ella misma había inducido, impidiendo la reanudación de las relaciones entre Buenos Aires y Londres.

«The Daily Telegraph» publicó ayer un fragmento de las memorias de sir Nott, en las que cuenta que Francia fue mejor aliado de Gran Bretaña que EE.UU. durante esa guerra. Francia informó secretamente a Gran Bretaña, permitiendo a sus agentes sabotear los misiles Exocet franceses que Buenos Aires hubiera podido adquirir en el mercado. Para entonces, ya se habían comprado varios Exocet.

•Solicitada

Gerardo Schamis, ex embajador en París en el '82, recordó ayer, al ser consultado, que François Miterrand la recibió a la Thatcher «en forma espectacular». De allí que, ayudado por el actual embajador, Abel Posse, Schamis firmó una solicitada contra la primera ministra inglesa, que casi le cuesta que el Quai d'Orsay lo declarase «persona no grata». Y recordó que «fueron los socialistas los que iniciaron una colecta para la Argentina con activa participación de connacionales -algunos de ellos, exiliados-, como Julio Cortázar, Teresa Anchorena, Hipólito Solari Yrigoyen y Dante Caputo».

Durante conversaciones secretas en el '84, dos años después de la guerra en el Atlántico Sur, Thatcher «se mostró más vengativa con los argentinos de lo que los británicos habían sido con el enemigo alemán después de 1945», escribió descarnadamente Brunner.

Durante los combates y después de que Gran Bretaña recu peró las Malvinas a mediados de junio del '82, Suiza representó los intereses británicos en Buenos Aires. A principios de 1984, se le preguntó si Suiza podría contactar al flamante gobierno democrático de Raúl Alfonsín. Londres quería ver si estaba dispuesto a considerar la reanudación de las relaciones.

•Intransigencia

Los británicos siempre insistieron en que todo fracasó por la intransigencia argentina. Sin embargo, Brunner relata las cosas de manera diferente. Antes de iniciar las conversaciones, la Argentina dejó en claro que presentaría la cuestión de la soberanía de las Malvinas, argumentando que se encontraban en el centro del problema. Gran Bretaña dijo que eso no era aceptable.

Brunner
cuenta que, para superar el obstáculo, propuso una fórmula por la que los argentinos dirían que tenían instrucciones de presentar el asunto. En respuesta, la parte británica diría: «No estamos preparados para discutirlo», una frase ambigua que podía sugerir que las conversaciones sobre la soberanía no estaban descartadas para siempre.

«Eso fue lo que acordamos. Pero no tomamos en cuenta a la Thatcher. Esta ordenó a su equipo dejar en claro que nunca habría discusiones sobre la soberanía. «Así, todo el proyecto colapsó»
, dijo Brunner, porque no se pudo «romper el muro de desconfianza que la Thatcher mostró hacia los argentinos», aun cuando fue Londres la que inició la exploración. Las relaciones se restablecieron finalmente en 1990, con una fuerte presión de los EE.UU. y cuando ya gobernaba Carlos Menem.

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