Néstor Kirchner concurriría el 2 de abril a Ushuaia para encabezar una ceremonia y homenaje a 25 años del comienzo de la Guerra de Malvinas. Días atrás, el gobierno hizo trascender que no iría. Contrainformación: anoche en la Casa Rosada daban por hecha su asistencia.
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Un pacto «de caballeros» entre los veteranos de guerra y los caciques sindicales de Tierra del Fuego desactivó, en teoría, el incidente: los gremios juraron que no usarán el acto para protestar. Con eso se esfumó el factor que espantaba a Kirchner.
Quedan, sin embargo, puntas sueltas. El último indicio, previo testeo, lo aportarán el canciller Jorge Taiana y el ministro del Interior, Aníbal Fernández, quienes participarán de la vigilia que la noche del 1 se hará en Río Grande, de cara al Atlántico.
La avanzada oficial -desde mediados de semana, hay otros delegados menos públicos instalados «en zona»- que desembarcará el domingo en Tierra del Fuego palpará si, como afirma la organización, está descartado el riesgo de un carnaval de protestas gremiales.
A su vez, el sábado Kirchner tiene previsto volar a su provincia, Santa Cruz, desde donde, luego de un sondeo de los apostados en Ushuaia, el lunes temprano viajaría a la capital fueguina para encabezar el acto, programado para las 11 de la mañana.
De hacerlo, lo flanqueará Cristina Fernández, su hermana Alicia y Carlos Zannini. Entre los pingüinos hay un mandato: deben estar en la ardiente Santa Cruz para «poner la cara» y colaborar con Carlos Sancho, vice en funciones tras la caída de Sergio Acevedo.
Todo está, claro, supeditado a que no broten imprevistos. Por cualquier sorpresa, se retomará el plan B: temeroso, Kirchner esquivará el tumulto y enviará como su delegado al vice Daniel Scioli, quien llegará acompañado por la ministra de Defensa, Nilda Garré.
Hace meses, la Asociación de Veteranos de Tierra del Fuego, junto a los ex combatientes de Santa Cruz, preparan la semana de Malvinas que, luego de múltiples actividades, se coronará con la vigilia del domingo en Río Grande y el acto del lunes 2 de abril, en Ushuaia.
«Todo -contó ayer Osvaldo Hillar-se armó para que venga el Presidente.» Días atrás, Oscar Parrilli transmitió informalmente al gobernador Hugo Cóccaro y a la diputada Roxana Bertone que Kirchner, por temor a incidentes con gremios, no participaría de la ceremonia.
El lunes Hillar y José Aranibar contactaron a los jefes de los gremios docentes, SUTEF, y de empleados de sanidad, ATSA, para pedir que no estorben, con protestas, en el acto. «Una fecha como la del 2 de abril no debe ensuciarse», dijo el veterano que logró el compromiso sindical de no movilizarse.
Detalle: maestros y trabajadores de la salud batallan por mejoras salariales de la administración de Cóccaro, que emula un vicio sureño: como Sancho era vice y recaló como gobernador tras empujar al precipicio a su compañero de fórmula, el radical Jorge Colazo.
«Hay garantía total», afirmó Hillar, ayer por la tarde. A esa hora todavía no había renacido en la Casa Rosada la alternativa de que Kirchner viaje a «la isla» para encabezar el acto por Malvinas. Igual, Hillar mostraba su deseo.
- Oficialmente nunca nos dijeron que no vendría. Nosotros tenemos todavía una gotita de esperanza de que venga-se confesó el veterano que, en 1982, estuvo del 23 de abril al 14 de junio en Malvinas.
Queda, así y todo, un frente abierto: el religioso. Hasta Tierra del Fuego extiende su dominio Juan Carlos Romanín, obispo de Santa Cruz, que encabezó una protesta de estatales contra Sancho. Hasta ayer, Romanín figuraba entre los invitados al acto del 2.
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